Mostrando entradas con la etiqueta Derecho a la vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Derecho a la vida. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de febrero de 2010

Lección que debemos aprender:

CAUSAS QUE ORIGINARON LA MASACRE CAMPESINA DEL 9 DE FEBRERO DE 1989

Raúl Tello Suarez

Necesitamos emprender nuevos caminos hacia el desarrollo que ancestralmente demandan los pueblos mayoritarios del Perú, para ello es fundamental conocer el pasado, nuestra historia no como nos dicen, si no como nosotros lo concebimos, de eso se trata cuando abordamos la masacre campesina ocurrido el 9 de febrero del año de 1989, en la ciudad de Pucallpa.

El Perfecto Noriega de Pucallpa, sentenciaba “los campesinos/as no tienen autorización para hacer marchas por las calles de Pucallpa”, basto para que fueran asesinados 08 campesinos en la Plaza de Armas de la ciudad de Pucallpa, 35 heridos y desaparecidos, por manos de las Fuerzas del Orden el “Estado Peruano”, así daban a conocer los medios periodísticos de ese entonces. Sumados a ella, dirigentes campesinos y campesinas perseguidos, trato blando a los autores del delito y todo un pueblo que lloraba la muerte de sus campesinos.

Lo ocurrido el 09 de Febrero de 1989, no solo expresa la violación de los derechos humanos, repudiable desde todo punto de vista – tarea pendiente aún deben ser sancionados los autores intelectuales y ejecutores de estas muertes y cuyos autores deben ser identificados por la sociedad.

PERO... ¿CUÁL ES LA CAUSA?:

Con el presente artículo, no buscamos resaltar pasados de dolor que nos separan o nos unen, ni distorsionar el carácter de estos acontecimientos, sino evitar posteriores genocidios y violaciones de los derechos humanos de las personas, más aún de gente humilde hijos de esta tierra. Lo que se trata es de auscultar cuales fueron realmente las causas que generaron estos acontecimientos, los hacemos desde una posición amazónico andino.

La causa principal de todo estos acontecimientos es el agotamiento o el fracaso de un modelo de producción, de un sistema político económico que nos impusieron muchas veces a nombre de la democracia, el desarrollo, etc., es pues el colapso de la “LA AGRICULTURA CONVENCIONAL”, aquel sistema productivo importado de otras realidades que no genero desarrollo, se basa fundamentalmente el tumba y quema de los bosques naturales amazónicos para hacer grandes extensiones de monocultivos de animales o plantas, sumado a ella el uso masivo de los pesticidas, fertilizantes sintéticos, arado mecanizado intensivo de los suelos, semillas híbridas y algunos (ahora) sueñan con las semillas transgénicas nocivas para la biodiversidad.

Este modelo de producción fue impulsado por los diferentes Gobiernos para lo cual crearon y utilizaron el Banco Agrario durante mas de cuatro décadas, esta entidad solo financiaba (imponía) modelos productivos convencionales, contando como soporte técnico para estos fines, a instituciones de investigación y extensión del Estado entre ellas las Universidades, mas hacían el papel propagandistas de los agro tóxicos a cambio de generar e innovar tecnologías propias que aun carece el agro en un mundo competitivo.

Irónicamente, organizaciones agrarias campesinas que proclamaban autonomía productiva, independencia tecnológica, desarrollo autogestionario, realizaban hasta paros y huelgas exigiendo al Estado para que este fomente y promocione la agricultura convencional, con el argumento de modernizar el agro y de esta manera solucionar el hambre y la pobreza. Error grande, porque los insumos de este modelo de producción son producidos por grandes laboratorios y comerciantes de los países industrializados, en desmedro del ambiente y la salud.

Precisamente a fines de la década del ochenta, nuestro país batió record en el consumo de los pesticidas, se reporta mas de 10 mil toneladas año, sin embargo los niveles de productividad de los cultivos de mayor importancia económica no se incrementaron en esta proporción, tampoco resolvieron los problemas que decían solucionar: el hambre, la pobreza, etc. Lo que si lograron es beneficiar a las grandes Compañías productoras y a los comerciantes de estos insumos y tecnologías.

Solamente para darnos cuenta, en 1954 se reportaba 25 especies de plagas agrícolas resistentes y en 1994, estas plagas sobrepasaron mas de 500 especies (Liberon, 1994), de igual manera este modelo de producción en la década del 90 dejo mas de 20 mil agricultores endeudados por los créditos de agroquímicos que recibieron bajo la modalidad de crédito rotatorio en Ucayali, así también significó grandes perdidas de los bosques amazónicos naturales del Perú, que suman mas de 9.6 millones de hectáreas (INRENA, 2000).

Este modelo mediante leyes (DL 667, DL. 1081, etc.) empujo a los campesino/as a la deforestación, exige que el predio debe evidenciar “posesión y explotación económica”, sin considerar las áreas que conservan bosques los campesinos/as, para obtener titulo de propiedad.

Es importante tener presente, que en Febrero de 1989, los campesinos y campesinas del Ucayali, no solo demandaban justos precios de sus productos a ENCI - Empresa Nacional de Comercialización de Insumos y ECASA - Empresa de Comercialización de Arroz S.A. (instituciones que habían entrado en crisis por el burocratismo político partidario y fundamentalmente por la competencia de las empresas transnacionales importadores de alimentos). Los campesinos/as sobre todo reclamaban mercado para sus productos frente a las importaciones, agravando la dependencia alimentaría nacional, reclamaban derechos políticos y democracia para ellos, transparencia en el manejo de los fondos económicos del Estado, participación en la definición de las políticas agrarias, el derecho a las tierras, la defensa del bosque frente al saqueo, crédito realmente al productor agrario, moralización de la administración pública, seguro campesino y seguro agrario, infraestructura agraria, vías de comunicación a las comunidades y caseríos, capacitación integral al campesinado, entre otros, así daba a conocer el Comando Central Campesino en 1989 .

Como vemos, ya han transcurridos 21 años, sin embargo ¿cuánto de estas demandas se cumplieron?. ¿Qué dicen los que Gobernaron la Región y el país al respecto?. Seguro muchos de ellos aparecerán como los solucionadores de estos problemas. Lo que si queda claro, es la vigencia de la plataforma de demanda de los campesinos/as de 1989.

QUE PROPONEMOS: HAGAMOS UN DESARROLLO PROPIO CONECTADO AL MUNDO!

Necesitamos, poner el desarrollo sostenible del agro y de la industria en el centro de la política económica nacional, esto solo será posible cuando los campesinos/as en alianza con el pueblo asuman organizadamente sus derechos y deberes políticos y dejen de ser victimas de los demagogos.

Es de vida o muerte recuperar la tradición agraria colectivista, solidaria y creadora de las etnias, de los quechuas, aymaras, ashanicas, etc. y desarrollarlos desde las escuelas hasta las universidades.

También necesitamos recuperar el orgullo cultural de los pueblos campesinos/as e indígenas, de los shipibos, los campas, etc. No es viable ningún modelo de desarrollo si no apuesta por mejorar la autoestima de nuestras etnias y si no considera la convivencia intercultural.

Necesitamos avanzar hacia la rentabilidad de la agricultura ecológica, entendida fundamentalmente, como la suma de los saberes, experiencias, los conocimientos indígenas campesinos andinos, costeños y amazónicos, enriquecidos con los aportes científicos y el enfoque ecológico, para ello necesitamos más hechos que discursos.

PARA CONCLUIR......

Los discursos sin acción, las críticas sin hechos, el populismo, el paternalismo, el clientelismo político, el caudillismo, el manipuleo al campesinado, el autoritarismo, la corrupción, el colonialismo, etc. Constituyen también AHORA balas y metralletas que “matan” a los productores del campo.

Hermanos/as del campo, hagamos trochas y caminos para dirigir autónomamente los destinos de nuestros pueblos, impulsando la agricultura de la biodiversidad, con visión empresarial autogestionara, así acabar con el hambre y la pobreza y brindar alimentos al mundo, en un Perú libre de toda forma de dominación externa o interna.

Nota:
 Ing. Raúl Tello Suárez es promotor del Jardín etnobotanico “kuka”
Email: ratesu@hotmail.com Pronto Pág. Web: bio.com.pe
Pucallpa, Perú 2010

viernes, 30 de octubre de 2009


Poco ha cambiado para los pueblos indígenas amazónicos en lucha por sus autonomías

CINCO SIGLOS O CUARENTA AÑOS

Por: Stefano Varese


En septiembre de este año regresé a Lima por un par de semanas después de casi cuarenta años de expatriación voluntaria (o casi). Fue un retorno emocional y denso de recuerdos algunos perdidos otros reencontrados. Durante décadas he seguido desde la lejanía la vida de los pueblos y comunidades indígenas de la amazonía peruana. Fueron algunos de estos pueblos – los asháninca, los yanesha, los awahún, los wambis, los shipibo, los matsés- y sus gentes concretas los que en mi juventud atraparon mi imaginación y mi pasión por conocer y me llevaron casi de la mano por las trochas de sus culturas antiguas y modernas, de sus admirables capacidades de resistencia y adaptación, de sus secretos espirituales, de su tratamiento ético del universo.

Pero también retornaba al Perú con muchas preguntas irresueltas y en busca de alguna explicación razonable sobre lo que leía en las noticias, en el Internet y en las revistas de análisis político. En mi ingenuidad y optimismo algo patriotero pensaba que los trágicos eventos del año y la matanza del 6 de junio eran una desviación desafortunada de una administración gubernamental básicamente transparente.

¿Cómo era posible que a los casi cuarenta años de la promulgación de una de las leyes más progresistas y avanzadas del continente americano, el D.L. 20653 de 1974 conocido como Ley de Comunidades Nativas y Promoción Agropecuaria de la Selva, los pueblos indígenas, las Comunidades Nativas amazónicas siguieran bajo el constante asalto a su vida, la violencia institucionalizada, la política etnocida, si no decididamente genocida, de los sucesivos gobiernos de autoritarismo post-democrático?

Ciertamente la Ley de Comunidades Nativas, defendida críticamente por los propios indígenas amazónico, en todos estos años había sufrido mutilaciones y un constante proceso de erosión dirigido a facilitar la expropiación y privatización de los recursos comunales y la buscada solución final de acabar con las comunidades étnicas de la amazonía. Pero nunca, ni en los peores momentos del autoritarismo corrupto a la Fujimori, el gobierno nacional se había dedicado de manera sistemática a socavar la autonomía de las comunidades, a tratar de quitarles sus medios de subsistencia, a estrangularlos económicamente intentando, en fin, matarlos de hambre y de contaminación ambiental.

"Esas acciones u omisiones, en cualquier país civilizado, son consideradas crímenes de lesa humanidad penable por el derecho internacional"

Esas acciones u omisiones, en cualquier país civilizado, son consideradas crímenes de lesa humanidad penable por el derecho internacional. Encontraba hora, en el 2009, a las comunidades nativas de la amazonía y a los pueblos indígenas del Perú mucho más amenazados y en peligro de perder sus tierras y sus recursos, y por lo tanto sus vidas, que hace cuarenta años cuando la revolución velasquista con gran visión cultural y social formuló la Ley de Comunidades Nativas. Una legislación humanística integral que por primera vez en la historia nacional y posiblemente Latinoamericana otorgaba personería jurídica a las comunidades indígenas y ciudadanía a sus miembro individuales, autorizando a la comunidades misma a llevar el registro civil de sus miembros y a ejercer jurisdicción colectiva sobre sus territorios y recursos. Pasos jurídicos de una importancia fundamental para miles de pobladores indígenas amazónicos que durante siglos de colonialismo y neo-colonialismo republicanos fueron tratados por el estado y las empresas privadas como esclavos.

Como es bien sabido, pero nunca mencionado, la Ley de Comunidades Nativas fue marginada, corroída, mutilada y parcialmente substituída por otras leyes a partir de la reacción de Morales Bermúdez, pasando por toda la serie de ultraconservadores Belaúndes, Garcías, Fujimori, Toledos y nuevamente Garcías. Los conservadores neo-liberales han aprendido muy bien de sus propio errores en las décadas de los Reagan, Pinochet, la dinastía Bush y demás sirvientes: si hay algo que obstaculiza la implantación absoluta del sistema económico, social, político y finalmente cultural del capitalismo tardío es la resistencia cultural de grandes sectores de la población mundial y en este caso peruana a dejarse atrapar por la ilusión de mercantilizarse y mercantilizar sus tierras y recursos. Lo intentaron los liberales de las independencias latinoamericana, Bolívar a la cabeza cuando propuso privatizar las tierras comunales de los indígenas andinos; lo intentó el "Benemérito de las Américas" Benito Juárez en México tratando de disolver las comunidades indígenas que lograron sobrevivir todos los ulteriores intentos hasta llegar a la post-revolución de 1910 con sus tierras y territorios recuperados como "comunidades agrarias indígenas" o como "ejidos".

La dictadura militar pinochetista con sus economistas "Chicago Boys" y Milton Friedman a la cabeza fue en cambio más eficiente en desarraigar y expulsar de sus territorios a casi toda la población indígena mapuche que ahora en un 70% vive en Santiago y Temuco como desempleados sin casa ni propiedades. Hay que recordar que la dictadura militar chilena de Pinochet siguió al pié de la letra las recomendaciones de la escuela económica neo-liberal y en efecto casi logra exterminar a los mapuches y disolverlos en la pobreza más abyecta o en el exilio (30 o 50 mil mapuches terminaron en Europa como refugiados).

Este es el gran éxito neo-liberal voceado a diestra y siniestra por la propaganda del gran capital que lo señala como ejemplo a seguirse en otros países donde hay población rural –indígena o no- que ocupa tierras y recursos necesarios para la acumulación vergonzosa de riqueza en manos de las oligarquías nacionales y/o globales. Este análisis podría continuar con el caso de Guatemala donde durante más de cinco décadas los varios regímenes militares o civiles cuasi-democráticos declararon una guerra de exterminio de los pueblos maya que causó la muerte y desaparición de centenares de miles de hombres, mujeres, niños indígenas, más de un millón de desplazados internos, más de cientos cincuenta mil refugiados en México y los Estados Unidos. Casi todas las tierras y recursos de los indígenas maya han sido incautados por los generales, coroneles, polítiqueros corruptos y las empresas transnacionales. Otro gran éxito del neo-liberalismo esta vez con la gran ventaja de haber introducido la variable de la represión sangrienta y cruel de tal manera que se justifica mantener "la ley y el orden" a puntas de bayonetas y torturas.

En Perú, en cambio, los gobernantes y sus políticos, sus asesores y sus escribas a sueldo se llenan la boca de una retórica desarrollista y "modernizadora" –copias mal digeridas de las teorías funcionalistas de los economistas norteamericanos de los años 1960s resucitadas por Reagan y la dinastía de los Bush- que proclama la supremacía absoluta de la propiedad privada y un estado ausentista y des-regulado como únicos instrumentos seguros para superar la pobreza y el subdesarrollo.

Me ha sorprendido la brillante síntesis que de esta teoría económica ha hecho el señor Alan García con su memorable refrán del perro y el hortelano: visión ésta muy castiza y un tanto feudal de la realidad social de la Amazonía y sus pueblos. Qué habrá pasado con los estudios que Alan hizo en París?. Tuvo que haber leído algo de sociología y de economía política, algo de M. Godelier, de A. Tourain, a lo mejor algo de Marx, ¿o el cantar valses criollos le ocupaba todo el tiempo? La memoria corta y selectiva es privilegio de los poderosos. El travestismo ideológico borra todo residuo de dignidad: el salto acrobático del anti-imperialismo aprista a la venta-regalo irrestricta del país (y su gente y sus pueblos) a las transnacionales es merecedor del mejor circo de payasos políticos. La nueva oligarquía nacional repite en el Perú del 2009 lo que ocurrió una y otra vez durante casi doscientos años de vida republicana: la venta periódica y cíclica o las concesiones de varias década a los conglomerados transnacionales, y sus siervos nacionales, de todo lo que pueda malbaratarse. Dinero y corrupción para mantener tranquila a la elite político-económica y gasto militar y policial para apaciguar las fantasías golpistas garantizar la paz de los sepulcros.

Este es el modelo de desarrollo social que se propone e impone a los peruanos. Pero resulta que los pueblos indígenas de la amazonía – y de manera creciente del mundo andino- se resisten a entender la promesa de salvación y la propuesta de deshacerse de sus bienes, sus tierras, sus aguas, sus montes, sus animales, sus peces, sus subsuelos a cambio de una cuantas monedas y quizás, con mucha suerte- un trabajo de peón, sirvienta o cargador en una empresa, eso sí, muy moderna y eficiente. El portavoz último de esta teoría económica en el país es el señor Hernando de Soto, más conocido por ser vocero póstumo de Adam Smith y extremista de la propiedad privada que por su rol de asesor tanto de Fujimori como de Alan García, fungiendo para éste último como embajador plenipotenciario ante el Imperio en la negociación del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y el Perú.

"(…) de Soto entiende que el primer obstáculo que hay que derrotar -para poder expandir a la amazonía el capitalismo fundamentalista de los neo-liberales- es esta empecinada y milenaria "cultura del bien común" y de "economía moral" que los pueblos indígenas insisten en poseer y reproducir"

Qué les propone de Soto a los pueblos indígenas de la amazonía y por extensión a todos los pueblos y comunidades indígenas del país y al resto de los peruanos que aún creen en el "bien común" y en la justicia social? Siendo un hombre cultivado con estudios de economía en Europa y carrera profesional exitosa, de Soto entiende que el primer obstáculo que hay que derrotar -para poder expandir a la amazonía el capitalismo fundamentalista de los neo-liberales- es esta empecinada y milenaria "cultura del bien común" y de "economía moral" que los pueblos indígenas insisten en poseer y reproducir. Armado de este celo evangélico de Soto fue a buscar -videocámara en la mano- unos ejemplos de relativo éxito económico de unas pequeñas empresas indígenas de la Amazonía. Allí está el secreto, vean ustedes tele-espectadores incrédulos, antropologizados de izquierda, soñadores románticos de indios puros: aquí están las pruebas que la propiedad privada es la única y mejor oportunidad que los indígenas tienen de progresar, ganar buen dinero, desarrollarse y entrar de una buena vez al tercer milenio y la post-modernidad y felicidad. Sería largo y tedioso contestarle a de Soto, tal que así como el encontró varios ejemplos de éxito vía privatización cualquier economista y antropólogo podría encontrar otros tantos o más ejemplos de éxito empresarial basado en la propiedad comunal.

México, adonde he trabajado durante varias décadas con pueblos indígena, ofrece centenares de ejemplos de empresas indígenas comunales/ejidales/colectivas totalmente exitosas. Hay empresas forestales indígenas zapotecas y chinantecas, de alta tecnología (cosecha, reforestación, transformación y comercialización) que dan empleo pleno a todas las familias de la comunidad, que tienen sistema de seguro médico para todos los miembros de la comunidad, educación completa garantizada, sistemas de becas estudiantiles, buenas viviendas, reinversión comunal en servicios etc. Y ni un metro de tierra, ni una esquina de su territorio ha sido privatizado. El derecho de ciudadanía indígena se ha ampliado al derecho al trabajo remunerado. Lo mismo pasa con la empresas comunales indígenas productoras de café orgánico en el Istmo de Tehuantepec (indígenas zapotecos) y en el Soconusco (indigenas mam). Los indígenas nahuat de la Sierra de Puebla además de empresas comunales de producción agro-forestal han organizados centros de eco y etnoturismo. Lo mismo pasa en las comunidades indígenas de la Sierra Madre del Norte de Oaxaca. Y así podrían seguir los ejemplos no solamente para México sino para Guatemala, Panamá, Canadá y porque no los Estados Unidos: corazón del fundamentalismo neo-liberal.

Y aquí es donde de Soto lleva su retórica del engaño al paroxismo. Cita el caso de los indígenas de Alaska como un ejemplo recomendable y a seguirse en la amazonía peruana. En una parodia caricaturesca de la situación de los Natives de Alaska de Soto sostiene que a estas comunidades les está yendo bien económicamente porque aceptaron la oferta del gobierno federal de los EE.UU. de transformar sus comunidades en "corporaciones privadas". La verdadera historia es mucho más complicada y llena de trampas "legales" implementadas por el gobierno federal de los EE.UU. Voy a tratar de resumirla en una cuanta líneas.

En 1971 el Congreso de Estados Unidos quiso resolver una disputa histórica de los indígenas (Natives) de Alaska que reclamaban los títulos de propiedad colectiva/tribal de sus territorios y tierras (se usaría el término comunal en Perú y Latinoamérica). El gobierno federal tenía que resolver la disputa para poder construir el oleoducto de Alaska que ocuparía territorios indígenas. El Congreso aprobó un Acta de compra de territorios indios y el pago de 962.6 millones de dólares por la expropiación de 300 millones de acres de tierras indígenas tituladas. A los Natives el gobierno les prometió también regularizar la titulación colectiva/tribal/comunal de más de 40 millones de acres que quedaban en uso y posesión de los indígenas (Alaska Native Claim Settlement, 1971). Como ha sido siempre el caso en las conflictivas relaciones entre los pueblos indígenas y el gobierno federal de los EE. UU. este último no cumplió con la promesa (la tradición del gobierno de EE.UU. que los indígenas llaman "Broken Treaties") demorando indebidamente la titulación y llegando finalmente a cooptar la voluntad de los indígenas cansados de tantas promesas no cumplidas con la propuesta de transformar las aldeas y regiones indígenas en "corporaciones" con el derecho de los miembros individuales de disponer de la porción de territorio/recursos a manera de propiedad privada.

Hay que entender que para los indígenas de Alaska, con una larga historia de resistencia ante la colonización Rusa y después Norteamericana, el debate con el gobierno federal sobre los territorios y su jurisdicción autónoma o soberana (sovereign) era esencialmente sobre la legitimidad de sus gobiernos indios comunales, locales y regionales. A los Alaska Native les importaba ganar la plena legitimidad con su personería jurídica colectiva/tribal/comunal de manera de poder interactuar con el gobierno del Estado de Alaska y el gobierno federal con la autonomía/soberanía que le compete a todo grupo indígena de los Estados Unidos. Bajo las tremendas presiones del Congreso de EE.UU., del Gobierno Federal, del Gobierno del Estado de Alaska y de las corporaciones petroleras, mineras y constructoras los Natives/Indígenas tuvieron que aceptar el mal menor o perderlo todo.

"Hay centenares de libros y millares de estudios sobre la "economía social" de los pueblos indígenas de las Américas y del mundo: que el señor Alan García no los conozca no me llama la atención, pero que usted los esconda constituye un engaño vergonzoso"
Se podría afirmar que los indígenas de Alaska como los indígenas de Hawai y los nativos de las islas del Pacífico bajo administración imperial/colonial de los Estados Unidos constituyen los últimos ejemplos de la arrogancia y del poder bruto y violento ejercido por los EE.UU. con los pueblos originarios. Un poder de estado que es poder por interposita persona de los intereses privados de las corporaciones y empresas norteamericans y transnacionales. Así que señor de Soto, por favor, deje de engañar o entérese y edúquese. Hay centenares de libros y millares de estudios sobre la "economía social" de los pueblos indígenas de las Américas y del mundo: que el señor Alan García no los conozca no me llama la atención, pero que usted los esconda constituye un engaño vergonzoso.

Para concluir hay que volver a decir unas cuantas palabras sobre los 350 - 500 millones de pueblos indígenas/pueblos originarios del planeta que no se han dejado absorber por los poderes coloniales y neo-coloniales como masas de de-culturados, desterrados a villas miserias-ghettos-zonas rurales marginales y en calidad de mano de obra barata explotable. Los más de mil grupos étnicos indígenas de las Américas que cuentan entre los 40 y 45 millones a principio de este milenio (según datos de Naciones Unidas y Banco Mundial) viven en una "economía social" que ha sido llamada por lo primeros etnólogos y la antropología económica "economía de subsistencia". Estas son formas económicas mixtas que combinan una base de horticultura/agricultura con pesca, caza, cría de animales, semi-domesticación de especies animales e insectos (abejas nativas/hormigas, etc.), constante domesticación de especies botánicas y practicas socio-culturales cuyo objetivo es incrementar la diversidad biofísica del entorno, del paisaje.

"El principio filosófico-ético fundamental de esta economía es la reciprocidad que se ejerce no solamente entre los humanos sino entre todos los seres del universo, sean éstos bióticos, físicos o astrales, tangibles o intangibles. En consecuencia las relaciones de la persona con el mundo son relaciones con una red de "entes/seres vivos y poseedores de inteligencia y emociones"".

Este tipo de economía se ejerce sobre un mundo físico/territorial que es social y es "del común". Es una economía que desde los primeros estudios (K. Marx en los Grundrisse, seguido por Karl Polanyi y el historiador inglés E.P. Thompson en el siglo veinte) ha sido llamada "economía moral". Es una economía que no busca la producción de excedente para la venta y el comercio y el enriquecimiento personal, sino la producción de excedentes para facilitar a todos los miembros de la comunidad "el buen vivir", lo que nosotros llamaríamos una buena calidad de vida. El principio filosófico-ético fundamental de esta economía es la reciprocidad que se ejerce no solamente entre los humanos sino entre todos los seres del universo, sean éstos bióticos, físicos o astrales, tangibles o intangibles. En consecuencia las relaciones de la persona con el mundo son relaciones con una red de "entes/seres vivos y poseedores de inteligencia y emociones". De allí las prácticas rituales para la caza, el sembrado y la cosecha, la redistribución de alimentos y bebidas, la circulación de bienes y servicios (lo que en relación a los ashánica pajonalinos hace décadas yo llamé el "comercio sagrado").

¿Es posible mejorar la calidad de vida, "el buen vivir" de estas comunidades con la adopción de tecnologías y prácticas sociales externas? Seguramente que sí. Pero la elección o no de ciertos caminos de "desarrollo" tiene que ser informada, fruto de conocimientos y de comparaciones. No puede ser impuesta como propaganda de spots televisivos basados en mentiras o medias verdades. ¿Es tener una cuenta bancaria, una tarjeta de crédito y un préstamo del banco para comprar un carro o un televisor una mejoría del "buen vivir" de los comunero nativos? Estas son preguntas que se las tienen que hacer los pueblos indígenas de la amazonía, y al parecer se las han estado haciendo desde hace mucho tiempo y cada pueblo decidirá como actuar con la sabiduría y libertad que les ha permitido sobrevivir y desarrollar civilizaciones durante varios milenios en sus propias tierras.

Notas:

(*) Stefano Varese, es Antropólogo (social, político y cultural) especializado en pueblos indígenas/nativos de América. Es miembro del Departamento de Estudios sobre Nativos Americanos de la Universidad de California, Davis. Entre los temas de su interés se encuentran: desarrollo de las comunidades indígenas, el desarrollo agroecológico y sostenible, culturales, económico y la libre determinación política, la gestión territorial, la migración rural-urbana, la migración transnacional, la gestión de los recursos culturales, las estrategias de mitigación de la pobreza, los derechos humanos.

Su Sitio web: www. nas.ucdavis.edu/varese/varese.html


viernes, 3 de julio de 2009

Protesta indígena: Territorio es vida


Territorio es vida, salud y desarrollo para los indígenas amazónicos.
Su defensa es una cuestión de supervivencia.

José Álvarez Alonso
“Tienen demasiada tierra”, “tienen tituladas 12 millones de hectáreas ¿y quieren más?”, “la Amazonía no es sólo de los indígenas”, son algunas de las expresiones de políticos y periodistas en relación con la protesta indígena en defensa de
sus bosques y territorios ancestrales. “Sus tierras tituladas no serán vendidas, la protesta no tiene razón de ser”, explican algunos altos funcionarios y periodistas.
Sin embargo, los indígenas amazónicos no se movilizan por tonterías ni trivialidades. Lo he experimentado en el cuarto de siglo recorriendo comunidades amazónicas… Su estrategia de supervivencia en la selva se basa en minimizar costos y esfuerzos en un ecosistema donde, pese a las apariencias, los recursos útiles con frecuencia son escasos y elusivos. Es más, los blancos y mestizos los suelen calificar de “indolentes” y “haraganes” porque les parece que no se interesan en las cosas que para ellos son de sumo interés (acumular dinero y otras posesiones, por ejemplo).

¿Por qué se movilizaron, entonces, decenas de miles de indígenas en diversos puntos de país, dejando solos a sus hijos y esposas (cosa que detestan), para pasar hambre y sufrir penalidades haciendo guardia a la intemperie en lugares muy distantes de sus hogares?

Una simple utilización de politiqueros o de ONG izquierdosas no lograría el milagro, y una simple sospecha de que unos dispositivos legales les afectarían marginalmente tampoco. Además, es totalmente cuestionable y racista considerar “manipulables” a casi 400,000 personas de decenas de pueblos indígenas, que cuentan con cientos de líderes muy bien informados y capacitados, muchos de ellos con carreras profesionales. Los indígenas saben bien lo que es bueno para ellos, y han aprendido a desconfiar de los foráneos, luego de varios siglos de engaños, estafas y promesas incumplidas por gentes de fuera, desde madereros y mineros, hasta funcionarios del Estado.

Un mundo en peligro
Me lo confirman algunos de los líderes indígenas más lúcidos con los que he tenido la oportunidad de conversar: algo muy grave está pasando con su vida para que haya tomado decisiones tan graves. Su mundo está colapsando ante sus ojos, sus niños pasan hambre por falta de los animales silvestres y el pescado que fueron la fuente principal de alimentación, y no encuentran ya en sus bosques los recursos que por miles de años fueron la base de su subsistencia; muchos de sus jóvenes huyen de las comunidades a las ciudades, porque no ven futuro en las tierras que fueron el hogar de sus antepasados.

“Sentíamos que los decretos nos anulaban la existencia. Por eso nos levantamos”, declaró a la revista Somos Santiago Manuin, respetado dirigente Awajún gravemente herido en los sucesos de Bagua. No se trata de tal o cual artículo de los decretos cuestionados, es el conjunto de la política del Estado hacia la Amazonía, que los indígenas perciben claramente que no ha sido diseñada en absoluto para beneficiarlos: los decretos inconsultos fueron la gota que colmó un vaso ya muy lleno de maltratos, promesas incumplidas y marginación por parte del Estado.

Si los indígenas no viesen seriamente amenazados su forma de vida y su mundo no protestarían de la forma como lo están haciendo. ¿Saben cuál es el índice de desnutrición infantil en la provincia de Condorcanqui, de donde son originarios los Awajún y Wampis que participaron en los hechos de Bagua? 72.96%, según un informe del Gobierno Regional de Amazonas. Esto se debe en buena medida a la escasez creciente de fauna terrestre (animales de caza) y de peces en sus territorios, los que representan hasta el 80-90% de su ingesta de proteína.

A la mala gestión por parte del Estado (que permite e incluso promueve en la Amazonía la pesca comercial indiscriminada, la cacería comercial de animales, la industria forestal mecanizada y la minería) se suma el incremento de la población y, por tanto, de la presión sobre los recursos que son base de la economía indígena, y que hoy escasean más y más cada día.

Frente a esto, el Estado les ofrece más de lo mismo, de la medicina que ellos han visto como la culpable del descalabro: los “inversionistas” foráneos, sean empresas madereras, petroleras, mineras o agropecuarias, con que les prometen ahora un mundo dorado de desarrollo y progreso, no significaron para ellos en el pasado inmediato ningún mejoramiento de sus condiciones de vida, sino todo lo contrario… Los indígenas sienten, con razón, como una amenaza para su modo de vida la posible entrega en concesión de grandes extensiones de bosques para la industria maderera, petrolera y de biocombustibles en territorios que, aunque no titulados hoy a las comunidades indígenas, ellos consideran sus tierras tradicionales de caza y pesca.

De nuevo Manuin nos aclara: “… tenemos que pensar desde la selva. Mira la historia, cómo han quedado los pueblos indígenas, la deforestación, los ríos contaminados… ¿Eso es desarrollo? Nosotros no queremos ese desarrollo, el Perú no debe querer así el desarrollo. (…) No estamos en contra del desarrollo ni de la inversión, los necesitamos. Pero queremos saber, nunca somos consultados. No nos dicen (…) cómo se asegura que nuestros hijos sigan viviendo del bosque, y cómo se va a cuidar ese bosque. Necesitamos una inversión bien trabajada, un desarrollo pensado desde la selva y a favor de la selva, que también va ser lo mejor para el Perú.”

“No es suficiente nuestro territorio”
“El territorio que el Gobierno ha titulado a mi comunidad no es suficiente: el irapay para techar nuestras casas, el sajino o el venado que cazamos o los peces que pescamos para nuestra comida a veces están fuera de nuestro territorio titulado, en terrenos del Estado. Si entran empresas a explotar esos bosques, no sé de qué vamos a vivir, porque cada vez tenemos menos recursos. Nuestros hijos tendrán que emigrar a la ciudad. ¿Eso quiere el Gobierno?”, preguntaba recientemente Romero T. Ushiñahua, presidente de la Federación Indígena Maijuna, en el río Napo.

Imaginemos un territorio de una comunidad indígena típica de selva baja, de unas 6,000-8,000 ha, que con frecuencia no abarca la cabecera de la quebrada donde se reproducen los peces, o la cocha donde pescan, o el aguajal donde cosechan su aguaje, o el irapayal donde cosechan las hojas con que techan sus casas. ¿Qué pasaría si a un costado se instala una concesión maderera a practicar extracción forestal mecanizada, y en otro una plantación de palma aceitera, y en la cabecera de la quebrada una concesión minera? Aunque su territorio no sea tocado, su modo vida, su supervivencia como indígenas está, definitivamente, seriamente amenazada. Porque ellos no aspiran a ser peones de una empresa, adoran su libertad y su modo de vida en contacto con la naturaleza: “No quisiera tenerle pena un día a mi hijo viendo cómo le maltratan los patrones; no hay patrón bueno. Prefiero que mi hijo viva pobre como yo, pero libre”, me decía recientemente un indígena del Huallaga.

El Estado no quiere ampliar territorios de comunidades indígenas, y se demora largos años en titular a comunidades mestizas en la selva baja que son descendientes, en buena medida, de los pueblos indígenas originarios. “Nos mezquinan lo que es nuestro”, reclamaba don Mariano Arévalo, un dirigente indígena Witoto-Murui durante un encuentro de dirigentes rurales en Iquitos, refiriéndose a los bosques concesionados por el Gobierno a empresas madereras, a las que el Estado entrega hasta 40,000 ha. en concesiones por 40 años renovables.

El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo establece claramente que los pueblos indígenas no sólo tienen derecho a sus territorios tradicionales, entendidos como “la totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos interesados ocupan o utilizan de alguna otra manera”, y a los recursos naturales existentes en ellos, sino que también “dichos pueblos deberán tener el derecho de conservar sus costumbres” (siempre que no sean incompatibles con los derechos fundamentales). Y estas costumbres incluyen vivir del aprovechamiento de los recursos que proveen los bosques y las cochas.

Por qué necesitan los indígenas tanto territorio
Quienes hablan de que los indígenas tienen ya “demasiada tierra”, dividen los 12 millones de ha tituladas a los indígenas amazónicos entre los 400,000 indígenas reconocidos por el Estado, lo que da unas 30 ha por persona. ¿No es eso más de lo que tienen la mayoría de los peruanos? Olvidan que, en primer lugar, los pueblos indígenas han sido los dueños originarios de la Amazonía por miles de años, y que el Estado peruano, como tal, apenas existe por poco más de siglo y medio, por lo que ellos tienen un derecho preeminente, reconocido por la constitución peruana y por convenios internacionales.

En segundo lugar, olvidan que el modo vida (y de producción) de los indígenas es muy diferente al de los campesinos de la costa o del Ande, y por supuesto al de los habitantes de la ciudad. Aunque practican la agricultura en pequeñas parcelas familiares, y crían algunos animales, esto representa apenas una fracción mínima de su economía. Los indígenas amazónicos son, en buena medida, cazadores, pescadores y recolectores, por cultura, y porque es mucho más fácil y económico (y ecológico) cazar un animal silvestre que criarlo (para lo cual necesitan talar bosque para cultivar sus alimentos), cosechar frutos de un bosque primario que talar este bosque para sembrar frutales...

La economía de la mayoría de las comunidades indígenas depende principalmente de los recursos silvestres, de la flora y la fauna de sus bosques, y de los peces, caimanes y tortugas de sus ríos y cochas. Hasta el 70-90% de los ingresos económicos, y más del 80% de la ingesta proteica provienen de estos recursos en comunidades indígenas tradicionales.

“Nuestro mercado es nuestra cocha, nuestra tienda son nuestros bosques. Allí encontramos el pescado y el mitayo (carne de monte) para alimentar a nuestras familias, la madera y hoja para construir nuestras casas, las medicinas para curarnos… No vivimos de un sueldo, sino de los recursos que nos da la madre tierra. Si nos quitan eso, ¿de qué vamos a vivir?”, decía un dirigente indígena Awajún en un reciente encuentro en Iquitos.

Los territorios titulados que tienen (en realidad, sólo les titulan el área agrícola, y los bosques son “cedidos en uso” por el Estado) apenas protegen una fracción de las áreas que ellos usan habitualmente para sus actividades cotidianas de caza, pesca, extracción maderera, recolección de fibras, frutos, miel y otros productos. La mayor parte de las zonas de cabecera de quebradas, por ejemplo, quedan fuera de los territorios comunales titulados en la selva baja. “Al final, sólo me pertenece el jeme de tierra donde cultivo mi yuca. El bosque más atrás, es del Estado, el suelo debajo, es del Estado. Cuando nos entierran, es en tierra ajena, del Estado”, se quejaba Benjamín Chumpi, dirigente Wampis del río Morona.

Bosques sanos para una vida plena
El sistema indígena tradicional depende de la salud del ecosistema: un bosque enfermo (defaunado, fragmentado) o un río contaminado significan hambre y miseria para los indígenas. Y para que el bosque y el río provean los recursos de que dependen deben ser parte de un sistema equilibrado, de un paisaje sano: los peces que pescan en la cocha se alimentan en el bosque inundable cercano, y migran a veces decenas de kilómetros para reproducirse; la mayoría de los animales silvestres requieren grandes territorios y bosques sanos para mantener poblaciones sanas y viables.

Los expertos en manejo de recursos amazónicos han descubierto que para que el aprovechamiento sea sostenible deben mantenerse extensas zonas intactas, donde los animales y los árboles puedan reproducirse y dispersarse a las zonas donde son explotados intensamente. Este modelo, llamado “fuente – sumidero” (sink and source, en inglés), exige que las zonas de cabecera de quebrada, las zonas interfluviales entre ríos (actualmente en su mayor parte “del Estado”) sean mantenidas como tales, en su estado original, y no sean explotadas, so riesgo de que el aprovechamiento de los bosques y cuerpos de agua más abajo colapse, como ya ha ocurrido en muchos lugares.

La Amazonía es megadiversa, pero también es frágil: alberga gran abundancia de especies, pero poco número de individuos por especie, salvo excepciones. Mientras los indígenas norteamericanos, por ejemplo, basaron su economía en el aprovechamiento de una sola especie (el búfalo), de los que había hasta 80 millones a la llegada de los europeos, los amazónicos aprovechan en pequeñas cantidades cientos de especies de mamíferos, reptiles, aves, peces e insectos. Por eso, según algunos científicos, para que sea sostenible el aprovechamiento de recursos en el frágil ecosistema amazónico, los territorios de las comunidades indígenas deben ser suficientemente extensos, entre 500 y 1000 ha. por persona como mínimo (ver, por ej., Vickers 1988, en Science 239).

Además de ser la fuente principal de recursos para subsistencia, los bosques, lagos y quebradas de la selva tienen otros valores para los pueblos indígenas, valores sagrados, espirituales, culturales… Cuando el Estado peruano concesiona bosques o minas en un territorio que cree “sin dueño” (de libre disponibilidad del Estado, dice la ley, terrenos eriazos, lo llaman algunos) está entregando espacios que tienen a veces un valor mucho más que material, y violando de nuevo el Convenio 169, que establece que “Los gobiernos deberán respetar la importancia especial que para las culturas y valores espirituales de los pueblos interesados reviste su relación con las tierras o territorios”.
La conservación y el uso sostenible de los bosques amazónicos (tal como los han practicado por miles de años los pueblos indígenas) no sólo es una aspiración y un derecho de estos pueblos, sino que debería ser de todos los peruanos y del Mundo: hoy, más que nunca, se sabe que el ecosistema amazónico es fundamental para el equilibrio climático mundial, y para mitigar los efectos del calentamiento global. Deberíamos agradecer a los amazónicos por luchar en defensa de los bosques amazónicos, cuyos bienes y servicios beneficiarán sin duda a toda la humanidad.
Fuente: Diario La Región de Iquitos
 Nota: José Álvarez Alonso, es Master en Ciencias, Biólogo de profesión, e Investigador del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana - IIAP, Colaborador de IPRODESA

jueves, 2 de julio de 2009




Bagua y todas las sangres…
La tragedia que estremeció al mundo


Luis Alberto Vásquez

Lo que ha ocurrido fue terrible. Nunca en Bagua hemos visto tanta sangre y tanta maldad al mismo tiempo…en la misma plaza de armas estuvieron tirados los muertos y la gente corría desesperadamente con sus hijos, nos caíamos y los gritos de desesperación eran terribles. Las balas sonaban cerquita a nosotros, el sonido de los helicópteros…parecía una guerra, con la diferencia que entre peruanos nos estábamos matando.

Todo empezó en la madrugada y fue la policía que inició esta desgracia, nosotros no somos terroristas, sólo defendemos nuestros bosques, nuestras tierras y también somos peruanos, aunque seamos indios…ahora todos tenemos miedo…nos sabemos lo que pasará mañana…muchos de nuestros hermanos están desaparecidos, lo que queremos es encontrarlos y si están muertos, que nos entreguen los cadáveres porque los queremos enterrar en nuestras comunidades…
Estos son testimonios recogidos en el mismo lugar de los hechos y en el hospital de Bagua. Estas son las palabras de angustia de muchos nativos heridos de bala. Estas son frases entrecortadas de hombres y mujeres que buscan entre el humo de la metralla y el olor nauseabundo de la sangre, a sus muertos.

Bagua fue un infierno, una matanza, un genocidio. Se han confirmado 22 policías muertos, algunos degollados y de otro lado, nativos abaleados y asesinados y según varios testimonios, habría todavía muertos en los cerros y los bosques. Hay también un número indeterminado de desaparecidos y casi 80 detenidos por las fuerzas del orden.
El gobierno a través del propio Presidente y el premier Yehude Simon han acusado a los nativos de ser responsables de todo y hemos visto con vergüenza una propaganda en la televisión nacional por demás escandalosa y miserable, que no hace más que azuzar la violencia.

El líder de los nativos, Alberto Pizango, refugiado en la Embajada de Nicaragua en Lima, para solicitar asilo político, dijo que el único culpable es el gobierno y aseguró que los nativos sólo tenían como armas sus lazas y sus flechas.

Al margen de las acusaciones, en los dos bandos hay muertes que lamentar, muertos que han estremecido al mundo, de peruanos humildes, entre policías y nativos que han sido asesinados y que sus familiares hoy lloran sus desapariciones. Una bala le atravesó el alma a un hombre que sentía que estaba luchando por sus tierras y otra bala a un muchacho de apenas 21 años que sentía que estaba defendiendo a su país y a la democracia. Ambos, eran peruanos con sueños, que no se habían visto nunca, que querían a su patria a su manera y que de pronto, estaban frente a frente para luchar por nada, para matarse y odiarse en un instante.

Los féretros de los policías han recibido los honores del poder. La Ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, los ha declarado héroes de la democracia, aunque en esta democracia ellos mismos tienen que comprarse sus uniformes, sus revólveres y sus balas y ganar un sueldo miserable. En el velorio de los policías estaba el llanto de los padres que no entendían nada, escenas desgarradoras de los hijos y las esposas, cuadros lamentables en un país que se desangra, aunque el dolor sea envuelto en una bandera peruana.

En algún lugar de la selva, en medio de la montaña, también hay llanto y desesperación en otros velorios. Allí no hay luces y hasta ese lugar no han podido llegar los ministros ni las cámaras de televisión. Enterrarán a sus muertos en la tierra, envueltos con sus ropas y sus flechas, para mezclarse con la nugka (tierra en awajún), por la que están luchando, porque en ese lugar están sus muertos, sus almas y sus espíritus.

En Bagua, con un toque de queda de tensión, la gente todavía llora a sus muertos. Hay temor y las noches son más oscuras que nunca, mientras en el Congreso todos se acusan, se insultan y al parecer, a nadie de ese lugar, le duele lo ocurrido.

El país está consternado y los políticos ya no nos pueden mentir como antes. Los periodistas han informado al mundo sobre lo ocurrido. Las imágenes de la televisión han sido demasiado duras: un policía pisándole el cuello con maldad y con odio a un nativo. Varios nativos golpeando con sus flechas, el cuerpo inerte de un policía. Un nativo perforado en las piernas por una bala, que en la montaña hace rugir a un tigrillo. Un policía degollado como si nuestro país viviría en medio de la barbarie. Para el premier Yehude Simon tan solo es la implementación del orden y doña Mercedes Cabanillas, ministra del interior, más terca que nunca, solo sabe acusar a todos de terroristas. Un diálogo de sordos y donde nadie pide que se vuelva a conversar, para que se le devuelva al país la tranquilidad.

Ahora no sabemos, cuál será la reacción de los nativos y que podrá pasar en los próximos días. Según informantes de la propia policía, un contingente de fuerzas combinadas se acerca a Yurimaguas por agua y tierra para desbloquear el otro tramo de la carretera marginal. Los nativos están preparados con sus lanzas y sus pucunas para el desalojo. Esperamos que la sangre no vuelva a teñir las montañas y que el odio entre peruanos humildes cese de una buena vez.

Se espera que el gobierno reconozca sus errores y el abandono total a un territorio que puede convertirse, como diría el escritor amazónico Róger Rumrrill, en una renta estratégica para negociar con el mundo, porque tenemos una biodiversidad envidiable, recursos naturales en flora y fauna, en medio de la magia del bosque, además de la sabiduría ancestral de los indígenas, que el gobierno y la ceguera del poder llama salvajes e ignorantes.

Se espera que los nativos, a través de sus organizaciones, sus líderes y apus, vuelvan a sentarse en una mesa de diálogo, a pesar de su dolor. Que la fuerza de la razón se imponga, porque el pueblo ya no quiere más mentiras ni muertos que velar. Hay duelo en el corazón de los sensibles y de los que amamos la vida y luchamos por ella: por un país con justicia, con equidad y también con rebeldía.

En Bagua todavía se escuchan los gritos más allá de la montaña y los malos espíritus anuncian tempestades…la lluvia de estos días es más triste y las noches se han vuelto tenebrosas, en medio de vientecillos que traen los gritos de angustia de aquella tragedia que nunca se olvidará.

jueves, 11 de junio de 2009


Es hora de cambiar...


Por: Sergio Rey ( Alias.... Sapo)

Les digo muy sinceramente tenía pensado escribir un artículo, para informarlos lo mas fidedignamente de lo que está pasando acá en la selva, pero después de leer tantos artículos y leyes, cansado ya, me doy cuenta que solamente caería en lo mismo que casi todos ellos, enredos de palabras y confusiones mentales, que solo nos llevan a muchos a hacernos de la vista gorda, porque no sabemos bien lo que está pasando y preferimos no alzar la voz para no sentirnos utilizados por partidos políticos o cosas de ese tipo.

Lo que les quiero decir me nace del corazón y lo digo directamente, vivo en la selva norte y vivo de cerca lo que está sucediendo y me indigna terriblemente ver como se está queriendo pisotear, a las personas que vivimos muy humildemente de nuestros recursos naturales. Porque acá en la selva vivimos del agua, de la tierra, de los árboles y de todos los recursos naturales que nos da la naturaleza, ¿y si nos quitan eso de que vivimos?. Acá no se explota acá se aprovechan los recursos. No puede ser posible que por querer alimentar, porque así es, un sistema de vida con petróleo, electricidad y dinero, se les quite a otros seres humanos, en este caso a nosotros, los recursos de los cuales vivimos. No podemos permitir, que para que unos pocos mantengan su pomposo estilo de vida,muy innecesario muchas veces, tengan que quitarnos a nosotros lo que nos permite subsistir . Sin agua no hay vida, sin aire tampoco, sin tierra sana no hay comida, sin árboles en la amazonía no habrá oxígeno para el mundo . Convoco a todo aquel que lea este pedido a levantarse y decir:

BASTA AL CONSUMO INDESCRIMINADO DE RECURSOS.
BASTA A LA EXPLOTACION DE LA NATURALEZA, BASTA DE ATROPELLOS.

No necesitamos vivir a costa de los otros, porque si esas concesiones, las cuales ya fueron dadas, siguen adelante. Vamos a estar viviendo a costas del que perdió su casa, su tierra, su vida.
Les pido que desde donde estén detengamos esto depende de todos nosotros, no se trata solamente de los que vivimos acá. La amazonia es el pulmón del mundo, sin aire no hay nada. Que tanto mas podemos depender del sistema sin Naturaleza, que tanto las maquinas pueden suplantar a la naturaleza, que tanto queremos que eso pase. que tanto te gustaría vivir conectado a un balón de oxigeno si en el mundo ya no alcanza para todos, que tanto te gustaría vivir comiendo productos sintéticos o tras génicos todo el tiempo, porque ya no hay más cosas sanas que comer.

El mundo está cambiando, porque es así, acá nos estamos levantando por el mundo. Cuantos de nosotros estamos disconformes con este sistema, cuantos quieren salir de ahí, porque sentimos que todo es consumo. Pues bueno ahora es el momento, se que da miedo, se que es intenso, como acá lo es, pero que esperamos que todo se caiga a pedazos para reaccionar, que maten a nuestra esposa, a nuestros padres, o nuestros hijos, para empezar a luchar por nuestro derecho de vivir libremente en armonía, en paz, sin destrucción, ni violencia.


Ahora es el momento de atrevernos a cambiar el mundo, empezando por nuestras
propias vidas. Respetando a nuestros hermanos y a nuestro amado planeta que nos
da sustento. No es una locura, ES POSIBLE.

Enviado por Carolina

jueves, 4 de junio de 2009

¿Por qué luchan los indígenas amazónicos?

Por 
José Álvarez Alonso

Hace un par de semanas pasada escribí un artículo explicando en términos generales las motivaciones profundas, el tema de fondo, que a mi juicio hay detrás de la protesta indígena, sobre la base de las conversaciones que he tenido con dirigentes indígenas regionales y nacionales en los últimos meses: se trata, en definitiva, de la defensa de un modo de vida y del derecho a desarrollarse de acuerdo con su cultura y su cosmovisión, en armonía con el entorno natural en el que han vivido por milenios.

Sin embargo, muchos me han reclamado que para la mayoría de la gente (incluyendo a los indígenas) no están claros los puntos concretos de los decretos legislativos cuestionados por los dirigentes de AIDESEP, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Amazonía Peruana. Y por cierto, en eso se está basando ahora la contracampaña que la prensa oficialista y derechista ha desatado para desacreditar a la protesta indígena.

Argumentan, por ejemplo, que la mayoría de los indígenas que efectivamente están protestando en los distintos puntos de la Amazonía están manipulados por ideologías y asesores extranjeros, y no saben concretamente por qué están luchando; según ellos, apenas tienen una idea vaga de que el Gobierno está en contra de sus intereses, y busca apoderarse de sus tierras y recursos.

Con esta misma argumentación podríamos preguntarnos también: los soldados que pelearon y murieron por la independencia del Perú, ¿sabían por qué luchaban y morían? ¿No estarían también “manipulados” por los generales y líderes de la independencia? Con seguridad, su idea de la causa de la independencia estaba muy distante de la realidad, y de las ideas de Bolívar, San Martín y los otros líderes revolucionarios. Eso no quiere decir que pelearon por una causa injusta o que no tenían una “percepción” de lo que realmente estaba en juego: la independencia de un país soberano de una metrópoli opresora y explotadora.

¿Descalifica esto la causa de la independencia? Por supuesto que no. Recordemos el dicho: “La conquista del Perú la hicieron los indios, la independencia la hicieron los españoles”. Claro que en las dos, los que murieron fueron los indios. Hoy podríamos decir que la rebelión indígena liderada por AIDESEP es el primer atisbo de una real revolución protagonizada por los indígenas, en defensa de sus intereses reales, no de ajenos, de los patrones foráneos, que fue lo que defendieron, en realidad, tanto en la conquista como en la independencia del Perú: en ambas cambiaron de patrón, primero a los opresores inkas por los opresores españoles, y luego a los patrones chapetones por los criollos…

Hoy los indígenas quieren ser dueños de su propio destino, al que tienen derecho como ciudadanos del Perú y del mundo, y quieren recuperar y conservar el control de los recursos y territorios que les pertenecieron por milenios. Es cierto que hoy las leyes peruanas establecen que los bosques, las aguas y el subsuelo son patrimonio de la Nación. Pero ¿quién hizo esas leyes? ¿Acaso consultaron a los indígenas, en cuyos territorios están estos recursos? En otros países, los bosques, suelos y aguas de los territorios indígenas son reconocidos como propiedad inalienable de éstos.

Por falta de espacio voy a analizar sólo aquí el caso de la Ley forestal y de fauna silvestre, el famoso D. S. 1090, una de las más cuestionadas, y ya reconocida como anticonstitucional por la Comisión de Constitución del Congreso. En primer lugar, fue promulgada sin consultar para nada a las comunidades indígenas en cuyos territorios tradicionales están la mayoría de los bosques amazónicos, violando el derecho a la consulta que establece el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), que obliga al Estado Peruano al mismo nivel que la Constitución.

Además de esta cuestión de forma, el citado D. S. tiene un asunto de fondo muy grave, una amenaza latente para los bosques amazónicos: mientras la ley forestal anterior (Ley 27308) establecía que las tierras del Estado de aptitud forestal, con bosque o sin él, constituyen el Patrimonio Forestal Nacional y no podían ser usadas para fines agropecuarios ni entregadas en propiedad a particulares, la nueva ley debilita la protección de los bosques, pues establece una excepción: extensiones de bosques primarios pueden ser cambiadas de uso (=taladas) cuando se trate de cultivos “de interés nacional”. Ya han sido declarados como tales la caña brava, el bambú, la higuerilla y el piñón blanco.

Es evidente la influencia de los grandes consorcios promotores de los biocombustibles detrás de este “torpedo” legal, que no sólo atenta contra los derechos indígenas y la salud del bosque amazónico, sino que viola los compromisos asumidos por el Perú respecto al cambio climático (de reducir las emisiones de carbono y la deforestación), incluido el Protocolo de Kyoto y el mismo TLC con EE.UU. Miremos lo que ha pasado en la zona de Barranquita y Chazuta, en la frontera de Loreto con San Martín: la entrega en propiedad de miles de ha de bosques a consorcios de palmicultores, especialmente al Grupo Romero. Ya se han producido como consecuencia graves conflictos con las comunidades de la zona, las que se sienten, con todo derecho, legítimos propietarios de estos bosques -aunque no tengan título de propiedad- porque los usaron desde tiempos inmemoriales para fines de subsistencia.

Ahí está el otro gran problema de la nueva ley forestal: se sigue ignorando los derechos de las comunidades a los territorios tradicionales, de cuyos recursos dependen para su subsistencia de acuerdo a su modo de vida tradicional. El Estado apenas ha titulado una fracción de estos territorios, que las comunidades consideran totalmente insuficientes. Buena parte de los bosques amazónicos (23,775 millones de ha, 14,782 millones sólo en Loreto) ha sido catalogada como “bosques de producción permanente” (BPP), parte de los cuales (32%) ya ha sido entregada a “inversionistas”, concesionarios forestales foráneos.

El diseño del mapa de estos BPP no ha sido consultado con las comunidades, los verdaderos “actores del bosque”, y de hecho existen muchas superposiciones con territorios tradicionales no titulados, lo que los indígenas ven como una gran amenaza para su futuro. Hoy muchas comunidades no pueden ingresar a las quebradas en las que siempre cazaron y pescaron, o a los bosques donde extrajeron otros recursos básicos para su subsistencia porque tienen “dueño”, un concesionario con un papel con sello del Estado peruano, que les mezquina hasta que saquen su irapay para el techo de su casa, o que cacen un majás. Mientras, ven como los inversionistas destrozan “legalmente” el bosque con sus tractores forestales y motosierras y contaminan el río con sus barcazas.

Quizás los indígenas que hoy protestan en el alto Napo, en la zona de Bagua o en el alto Ucayali no conozcan mucho de los detalles de los decretos supremos cuestionados, pero sí tienen claro que no les favorecen a ellos, sino a ciertos grupos de poder con influencias en la capital, y son una amenaza para su modo de vida y su visión del desarrollo, acorde con su cultura. Una visión que difiere marcadamente de la de aquéllos que promueven el ingreso del gran capital a la Amazonía y su desarrollo en manos privadas.
Lo ha dicho claramente el Presidente de AIDESEP, Alberto Pizango: los pueblos
indígenas ya no están dispuestos a seguir siendo los “peones”, sea de los
patrones de antes o de las empresas de ahora. Quieren ser protagonistas de su
propio desarrollo, y tienen derecho a ello.
Fuente: Radio PRODEMU Tarapoto

viernes, 15 de mayo de 2009









PROTESTA INDÍGENA, LUCHA POR LA VIDA

José Álvarez Alonso


Algunos oficialistas ven -con los gruesos lentes de quien no quiere realmente ver- maquinaciones políticas e ideologías extranjeras detrás de la protesta indígena que ha incendiado la Amazonía peruana por segunda vez en dos años. Catalogar y calificar (o descalificar) es un recurso habitual de quienes no entienden algo o no tienen la razón. Es obvio que esta protesta no es bien comprendida desde las altas oficinas del poder central, aislado de la Amazonía y sus problemas no sólo por la cadena de los Andes, sino por un abismo de etnocentrismo autosuficiente e ignorancia histórica, y por un océano de intereses, rebosante de millones de dólares en inversiones mineras, petroleras, palmaceiteras y madereras…

Los indígenas amazónicos del Perú no están luchando sólo contra unos decretos legislativos que consideran lesivos para sus intereses y su modo de vida. Están luchando, literalmente, por su vida, entendida en un sentido amplio: biológico, social, cultural, espiritual. Y la defensa de la vida está por encima de ideologías, partidos políticos y maquinaciones electorales; es, quizás, el instinto más fuerte y legítimo del ser humano. Nuestra Constitución Política, como prácticamente todas las constituciones modernas, consagra los derechos fundamentales de la persona humana, entre los que destacan el derecho a la vida, la salud, y a vivir en un ambiente equilibrado.

Los indígenas que han visto lo que pasó a sus hermanos “beneficiados” (más bien diríamos, “perjudiciados”) por las ventajas del desarrollo minero, petrolero y agroindustrial, no quieren más de esa medicina, bajo ningún maquillaje de dádivas paternalistas y planes de mitigación ambiental. Porque aunque con el “desarrollo” puedan acceder a algunos bienes y servicios occidentales, como luz eléctrica, televisión, edificios de material noble y otros, el costo es muy alto, en términos sociales y ambientales: en pocos años se destruyen estructuras sociales, costumbres y estrategias de convivencia con los que vivieron miles de años, y se degradan ecosistemas que son la base de su subsistencia.

¿De qué le sirve a un indígena ganar su platita en una compañía, si con ella sólo puede comprar enlatados, arroz y tallarines, porque sus cochas y sus bosques están vacíos? ¿De qué les sirve a los indígenas tener acceso a luz eléctrica, teléfono, televisión por satélite y agua potable, si terminan viendo a sus comunidades y familias destruidas por plagas sociales como el alcoholismo, la prostitución, los conflictos familiares y otras “modernidades” por el estilo, y pierden lo que más aprecian, su dignidad y su libertad?

Definitivamente, los indígenas amazónicos no entienden el desarrollo del mismo modo que el Gobierno; para los indígenas desarrollo no es sinónimo de ingresos y cifras macroeconómicas. “El desarrollo para los indígenas no es acumulación y competencia, es solidaridad, es igualdad, es reciprocidad”, decía en un reciente encuentro indígena Alberto Pizango, del Pueblo Shawi, Presidente de AIDESEP. “Preferiría estar pobre como antes, pero estar bien con mi marido”, se lamentaba recientemente una indígena Kukamilla que había perdido a su marido por culpa de la bonanza económica causada por el camu camu.

Algunos han calificado a los indígenas como “perros del hortelano”, porque supuestamente no quieren desarrollarse, no usan sus recursos ni quieren que otros los usen. Esto es totalmente falso, por supuesto, e indica una visión racista y etnocéntrica de la realidad sociocultural amazónica. “Queremos desarrollarnos sin perder nuestra identidad, sin alterar la naturaleza, sin entrar en conflicto con otros pueblos”, proclamaron en un reciente pronunciamiento (marzo del 2009) las Organizaciones Indígenas Secoya del Perú y Kiwchua del Alto Napo, las mismas que hoy bloquean este río, para escándalo de los entusiastas del “desarrollo.”

“Nosotros los Mai Huna queremos el desarrollo, claro que sí, queremos progresar, pero de a pocos, de abajo arriba, a nuestro modo, sin perder lo nuestro, lo que nos hacer ser Mai Hunas”, decía recientemente el dirigente Romero R. Ushiñahua, de la Federación Mai Huna del Napo. Un desarrollo armónico con su cosmovisión, con la libertad y el modo de vida que disfrutaron por milenios sus antepasados: “No quiero un día tenerle pena a mi hijo viéndole maltratado por los patrones o capataces en una compañía, prefiero que viva pobre como yo, pero libre”, me expresaba hace un tiempo un indígena del Huallaga central. “Los pueblos indígenas no quieren ser peones o súbditos”, según Alberto Pizango, presidente de AIDESEP.

“Yo quisiera ver a mi comunidad con un montón de mitayo, con abundante comida para toda la comunidad, celebrando nuestras fiestas con mucho masato, rodeado de un bosque con muchas caobas, cedros y lupunas. Me gustaría ver a los niños sanos y felices... También me gustaría que tuviéramos televisión, radio y algunas otras cosas de la sociedad moderna, pero sobre todo buena comida, educación y salud...”, es la visión del desarrollo de Segundo Arquímedes Karitimari, joven dirigente Kukamilla.

Los indígenas defienden con tanto ardor su territorio, sus bosques, sus ríos y sus cochas, porque éstos son su mayor riqueza, la garantía de un “desarrollo indígena”, de una vida plena a su estilo, a su modo, como tiene derecho todo ser humano y todo pueblo sobre la tierra. Porque bosques, ríos y cochas llenos de recursos son la garantía de una vida saludable, de abundancia, de armonía con el entorno natural en el que vivieron sus antepasados por milenios. Ese estilo de vida es el que ven amenazado por los infaustos decretos legislativos 1090, 1020, 1064, 1080, 1081 y 1089, y por las concesiones mineras, petroleras y madereras que ha otorgado el Estado sobre los territorios que consideran suyos, conforme al Convenio 169 de la OIT.

Cabría preguntarnos: luego de más de 30 años de explotación petrolera en el río Corrientes, y de decenas de miles de millones de dólares extraídos debajo de las tumbas de los antepasados del noble pueblo Jíbaro-Achuar, ¿han logrado beneficiarse y tener mejor alimentación, educación y salud? Todo lo contrario: en estos años han empeorado significativamente las variables más importantes que definen el “desarrollo humano”, especialmente salud y nutrición. Hoy, por citar un ejemplo, el 99% de los comuneros de esta cuenca exceden el límite máximo permisible de cadmio en la sangre, y el 68% superan el límite de tolerancia biológica, mientras que el 66% exceden el límite máximo permisible de plomo, y el 20% de ellos lo duplican y aún triplican. Más del 72% de los niños, y 75% de las mujeres padecen anemia perniciosa...

¿Creen que un indígena con sentido común pueda considerar “deseable” este desarrollo, por más que lo traten de convencer de que hoy la tecnología y las leyes de minería e hidrocarburos han mejorado mucho? ¿Es de extrañar que los indígenas del Alto Napo, del alto Marañón, del Alto Ucayali, se defiendan con tanta energía contra lo que consideran una grave amenaza para su modo de vida y su supervivencia?

Lo mismo se puede decir de la industria forestal: luego de más de medio siglo de explotación indiscriminada de las maderas en territorio amazónico, y de miles de millones de dólares de producción maderera ¿se han beneficiado realmente los pueblos indígenas? Hoy los distritos más pobres de Perú están en la selva baja, en donde más madera se ha extraído, concretamente en Loreto (Balsapuerto, Cahuapanas, Andoas, entre otros), y la desnutrición crónica y la anemia perniciosa afectan a más de la mitad de los niños en familias cuyos ingresos promedian un sol al día...

El Gobierno la tiene bien difícil para convencer a los indígenas amazónicos de que la inversión petrolera, maderera y minera los va a beneficiar. Va a tener que mejorar su oferta, o cambiar su estrategia y las reglas de juego, porque los indígenas, por defender su modo de vida, sus bosques y su libertad, parecen estar dispuestos a todo. Ya pasó la época en que cambiaban a los blancos sus adornos de oro por cuentas de vidrio. Hoy los pueblos indígenas están muy bien informados, conocen lo que ha pasado en otros lugares, y han vislumbrado y desean un futuro diferente, mejor, en armonía con su ambiente, su cultura y su modo de vida tradicional, aunque con acceso a bienes y servicios modernos; es obvio que este futuro no es el mismo que sueña para ellos el Gobierno…

Fuente: Enviado por Oswaldo Marquez
@ Fotografía: rutaquetzalbbva.com


lunes, 17 de noviembre de 2008


LOS SOBREVIVIENTES

José Álvarez Alonso


Hace unos días estuve dando una charla en una asamblea de
dirigentes de federaciones indígenas de Loreto asociadas a ORPIO - AIDESEP
(Asociación Interétnica de Desarrollo de la Amazonía Peruana). Comentando sobre
los impactos de la actividad petrolera en los pueblos indígenas, rememoré una
triste historia que me tocó vivir en el alto Río Tigre allá a principios de los
90, que resumo a continuación.

Visitaba yo por aquellos días las comunidades del alto Tigre, y cuando llegué a la comunidad nativa de Vista Alegre los moradores insistieron en que visitase el cementerio. Cuando llegué se ofreció a mi vista un espectáculo que nunca podré olvidar: dos filas de diminutas cruces elaboradas de forma rústica y pintadas de blanco no dejaban dudas de lo que la gente tanto insistía que viese.



Me explicaron apesadumbrados, las madres sin poder contener el llanto, que en menos de dos años habían muerto 21 niños y un adulto, todos con los mismos síntomas: lo llamaban “vómito negro”, y según ellos, era provocado por algún brujo malvado que quería acabar con la comunidad por venganza o envidia. Según me explicaron, los niños morían con el vientre hinchado y vomitando el hígado a pedazos. Querían que yo bendijese el cementerio y el pueblo para alejar al mal. Para una pequeña comunidad como la de Vista Alegre, esa mortandad significó la pérdida de casi toda una generación.Cuando investigué sobre estos síntomas con un doctor, me dijo que había dos posibilidades: o fiebre amarilla (que descartamos por no existir evidencia de una epidemia de tal enfermedad en la región) o hepatitis.



Lo extraño es que esta mortandad no había ocurrido en ninguna otra de las comunidades del Tigre, donde la heptatitis B era y es endémica, aunque en general asintomática, al menos en niños. El doctor me explicó que cuando la hepatitis B asintomática se complicaba con una intoxicación grave o con abuso de alcohol, se producía un efecto sinérgico que conducía a una cirrosis tóxica fulminante. Era obvio que en niños el abuso de alcohol estaba totalmente descartado, luego quedaba como sospechosa la intoxicación con algún tipo de contaminante.Esta última hipótesis fue corroborada cuando hice algunas averiguaciones: unos análisis de agua del río Tigre realizados por el IIAP que cayeron en mis manos demostraban los altísimos niveles de metales pesados, fruto sin duda de la contaminación petrolera.



Luego averigüé que la población de Vista Alegre se proveía de pescado de la Tipishca Montano, aguas arriba de la comunidad, en la que, qué casualidad, desembocaba una quebrada en cuya cabecera había un pozo petrolero operado por la Occidental Petroleum Corp. (más conocida como OXY). Estudios posteriores realizados por expertos, luego de una serie de denuncias realizadas por dirigentes indígenas del Tigre a través de un artículo publicado en la revista Medio Ambiente de Lima, demostraron que la contaminación del agua y, por tanto, del pescado (que tiene la capacidad de acumular en sus tejidos los metales pesados) eran la más probable causa de la masacre. En aquellos tiempos el Estado peruano era sumamente complaciente con la contaminación petrolera y casi nadie hablaba del tema, de modo que las compañías operando en esa zona no tenían prácticamente restricción alguna para arrojar petróleo, aguas de formación y químicos varios al río. Cuando acabé de contar esta historia en la reunión de AIDESEP-ORPIO, uno de los dirigentes indígenas, Pepe Fachín, que estaba sentado en la última fila, se levantó y pidió la palabra: “Hermano”, dijo. “Yo soy uno de los sobrevivientes de Vista Alegre, de las muertes que tú estás contando. Mi papá, José Fachín, tuvo once hijos, y todos murieron en ese año, excepto yo y mi hermana Rosa.”



El joven dirigente explicó que después de mi visita, la comunidad siguió mis consejos de no consumir el pescado de la Tipischca Montano ni tomar el agua del río, sino de las quebradas, y no volvió a morir ningún niño de esa enfermedad. Unos días más tarde, en Pucallpa, tuve la oportunidad de participar en una reunión sobre el problema de los indígenas en aislamiento voluntario en las regiones de Loreto y Ucayali. Allí me encontré con un viejo amigo del río Tigre, Beltrán Sandi Tuytuy, también originario de Vista Alegre; él es ahora dirigente de la Federación de Comunidades Indígenas del Río Curaray, donde AIDESEP ha propuesto la creación de una reserva indígena para proteger a los pueblos indígenas en aislamiento voluntario -cuya existencia el Gobierno se obstina en negar, por cierto-.



Cuando le comenté el incidente con Pepe Fachín en la reunión de Iquitos, me explicó que él también había huido de la comunidad por ese motivo, pues dos de sus tres hermanos habían muerto también de la fatal enfermedad, cuando eran adolescentes. Entonces me vino a la memoria, luego de tantos años, el recuerdo de sus dos hermanos muertos, que conocí en los 90 en el internado de Intuto (capital del distrito del Tigre) y con los que mantuve una estrecha amistad durante mis años allí, dada su afición (compartida conmigo) por la selva en general y por las aves en particular. Estos dos hermanos no están contabilizados entre los niños muertos en el mismo pueblo citados arriba, pues murieron más tarde por hepatitis cirrótica (complicación de hepatitis B con cirrosis tóxica). ¿
Cuántos más como ellos habrán ido muriendo en los ríos Tigre y Corrientes a lo
largo de estos años por causas similares, con origen mediato o inmediato en la
criminal práctica de arrojar al río todos los desperdicios de las operaciones
petroleras?

Emilio y Guillermo Sandi Tuytuy, amigos con los que disfruté horas tan gratas por las selvas del río Tigre buscando aves, descansen en paz, y con ustedes los 21 niños indígenas que murieron en la flor de la vida a causa de la ambición humana sin límites, la negligencia, el racismo, y la corrupción. Sé que si en vez de ustedes hubiesen muerto no 21, sino siquiera dos o tres hijos de alguna familia blanca de un barrio elegante de Lima se habría producido un escándalo internacional, y se habría remediado el problema de la contaminación petrolera en el Tigre y el Corrientes muchos años antes… Pero los indígenas tienen que morir por docenas, para que la prensa siquiera les dedique una escueta nota en la página de sucesos…



Y a quienes tenían en ese tiempo a su cargo -y no las ejercieron- las responsabilidades del Estado para dictar las normas de control y supervisar las actividades petroleras, y a quienes regían las políticas en la compañía petrolera y buscaron maximizar los dividendos y los márgenes de ganancias para que los accionistas les felicitasen en sus lujosas convenciones anuales en Houston o quien sabe dónde, Diosito en su misericordia les tenga compasión.


Enviado por Mirna Gómez