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miércoles, 30 de noviembre de 2011

De Soto, Iván Vásquez y el perro del hortelano

Por Alberto Chirif 
Un convenio entre el ILD y el Gobierno Regional de Loreto abre nuevamente el debate sobre que tanto se han entendido las lecciones que nos ha dejado Bagua.
Esta semana ha aparecido en Internet la noticia de que el Gobierno Regional de Loreto (GOREL) ha firmado un convenio con el Instituto Libertad y Democracia (ILD), dirigido por el economista Hernando de Soto, que tiene por finalidad poner en marcha (así lo llaman) un “Plan de Capitalización de los Activos de los Ciudadanos de la Región Loreto”. El nombre no es muy imaginativo, ya que lo recordamos en el caso de Bolivia, cuando el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, hace ya buen tiempo, dio la “ley de capitalización”, que no fue otra cosa que una norma para vender las empresas del Estado.

Como todos recordamos, De Soto apareció en el contexto de las protestas de Bagua, inmediatamente después de los trágicos sucesos que terminaron con la muerte de 35 peruanos y la desaparición de uno. Recordamos también que esos sucesos fueron originados por la política del “perro del hortelano” impulsada por el ex presidente García Pérez. Él ha repetido incesantemente que los títulos comunales son meros papeles que no brindan a la gente suficiente protección, restándole importancia a documentos emitidos por el Estado peruano. El problema no es de los títulos en sí sino de la falta de garantías del Estado cuando se trata de propiedad de indígenas o de otros sectores que, desde su punto de vista, son marginales al sistema, sin importar si sus tierras son colectivas o individuales.

Entre García y De Soto solo hubo —y hay— diferencias de estilo. Llamar perros del hortelano a los indígenas fue una opción por demás torpe y grosera. De Soto apareció entonces con maneras más educadas pero para plantear lo mismo: la parcelación de las tierras comunales para que la gente las pueda vender, alquilar, dar en prenda bancaria o hacer lo que quiera con ella, aunque lo más apropiado es decir para hacer con ellas lo que quieren quienes las ambicionan. En un momento en que otras leyes y políticas del Estado apuntalan la opción de los cultivos para producción de biocombustibles, ya sabemos que los beneficiados serán los grupos de poder que ya han avanzado en este camino: Romero, Benavides y otros.

Es triste, lamentable, el papel desempeñado por el presidente del GOREL, Iván Vásquez. Su actitud ha sido en todo momento poco sincera. Varias personas le hemos pedido en diversas oportunidades que presente los términos del acuerdo con De Soto que, sabíamos, se venía cocinando desde hacía tiempo. Sin embargo, él siempre evadió una respuesta franca. Yo mismo se lo pedí personalmente con ocasión de la presentación del Atlas de Comunidades Nativas de la Selva Norte, editado por el Instituto del Bien Común (IBC), en un acto que se realizó hace unos pocos meses en las instalaciones del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), en Iquitos. Su respuesta fue siempre que no había nada aún y que se trataba solo de ideas: nada concreto, dijo él.

Un convenio de esta naturaleza afecta a los indígenas amazónicos, y por eso mismo se trata de una cuestión que debió haber sido consultada con ellos a través de sus organizaciones. El Convenio 169 de la OIT es claro cuando dice que los gobiernos deberán: “Consultar a los pueblos indígenas, mediante procedimientos apropiados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente” (artículo 6.°) ¿Qué asunto puede afectar más a un pueblo indígena que la pérdida de su territorio? Ninguno. ¿O acaso el señor Vásquez piensa que por “gobierno” debe entenderse solo el nacional?

¿Qué asunto puede afectar más a un pueblo indígena que la pérdida de su territorio? Ninguno.

El presidente del GOREL, que reclama airadamente contra el centralismo porque, según él, no le da fondos suficientes y le impone medidas sin consulta, ha actuado esta vez como lo que él mismo critica. Lo recuerdo ahora marchando en primera fila en protesta contra los llamados “decretos de Bagua”. Claro, eran épocas electorales en las que había que aprovechar la pantalla y toda ocasión era buena para figurar. Su medida es centralista no solo por impositiva sino también porque de pueblos indígenas y de realidad rural amazónica rural él no conoce más que las distorsiones que le presenta De Soto. Sus intentos de desarrollo, de realizar su consigna de “selva productiva”, los podríamos calificar de chistes (malos, ciertamente) si de por medio no estuviera la justa esperanza de mejora de productores amazónicos que se han quedado endeudados porque la “promoción” de los cultivos de sacha inchi y camu-camu fue planteada y ejecutada con ánimo populista, lo que tal vez le haya generado algunos aplausos de la gente (al comienzo), actitud que ahora se ha transformado en bronca y decepción.

Lo de De Soto lo calificaría de simplismo si no estuviese convencido de que detrás de su propuesta se esconden los intereses de quienes ambicionan las tierras para su desarrollo empresarial. ¿Quién le aporta al ILD más de un millón 400 mil dólares para ejecutar este plan? ¿Por qué es tanto el interés de De Soto en esta región y, específicamente, en algo como la parcelación de las tierras comunales?

Y no es que la parcelación esté prohibida, por si hay que aclararlo. Las comunidades indígenas del país son libres de hacerlo si así lo desean. La Constitución de 1993 eliminó las garantías constitucionales de inalienabilidad e inembargabilidad de las tierras de las comunidades campesinas y nativas. Más aun: la llamada “Ley de Tierras” dada por Fujimori en 1995 allanó el camino en esta dirección, primero, al rebajar el quórum de las asambleas comunales para individualizar la propiedad (transgrediendo de esta manera el principio constitucional de la autonomía de las comunidades para resolver sobre sus cuestiones internas); y, segundo, al proponer el cambio de naturaleza jurídica de las comunidades para que, de entidades vinculadas por lazos ancestrales a sus territorios, se convirtieran en sociedades de personas, capaces de disponer de la parte que les corresponde de sus “activos”: su parcela.

Pero hay más. Las comunidades awajún del Alto Mayo, antes de la citada Ley de 1995 y de la Constitución de 1993, comenzaron a alquilar sus tierras, simplemente porque así lo quisieron. Que hoy día muchos pobladores se den cuenta del error que han cometido porque se están quedando sin soga y sin cabra, dado que los arrendatarios han llevado parientes y construido casas e infraestructura de riego para el arroz (el cultivo dominante en la zona), es un problema que no quiero abordar. Lo que quiero señalar es que la posibilidad que ahora impulsa De Soto ya existe desde hace más de una década. ¿Cuál es entonces la diferencia con lo que él plantea?

No hay ninguna diferencia de fondo, solo de forma, porque lo que él no quiere, o lo que no quieren quienes lo financian, es esperar, perder tiempo. Quieren, en cambio, que las cosas se hagan rápido, ya, ahora mismo; de ahí que se monte este trabajo en el marco de un gobierno regional que del tema parece no saber más que de por medio habrá una buena cantidad de dinero.

En este momento hago un llamado a las organizaciones indígenas, a AIDESEP y a sus sedes regionales de Daten del Marañón (Coordinadora Regional de Pueblos Indígenas-CORPI) y de Iquitos (Organización Regional de Pueblos Indígenas del Oriente-ORPIO), así como a las federaciones más activas de la región (como la Asociación Cocama de Desarrollo y Conservación de San Pablo de Tipishca-ACODECOSPAT y otras) para que se pronuncien sobre el tema y exijan el respeto del derecho de consulta y de los derechos reconocidos en el Convenio 179 y en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Al mismo tiempo, les planteo también a esas organizaciones la necesidad de que defiendan los resultados de los dos únicos procesos de consulta que se han realizado en el país en los que las partes llegaron a un acuerdo, aunque luego el gobierno del ex presidente García pasó sobre ellos con la insolencia que le conocemos. Me refiero a los casos de las Zonas Reservadas de Güeppí, en la parte alta de las cuencas el Napo y Putumayo, y de Santiago Comaina, en la Cordillera del Cóndor. En ambos casos, el gobierno paralizó o modificó a su antojo los acuerdos para favorecer a empresas extranjeras, una petrolera brasileña y la otra una minera canadiense.

AIDESEP, que ejecuta un proyecto en Güeppí en convenio con dos instituciones privadas (CEDIA y WWF), está en la obligación de expresar su rechazo por la violación de ese acuerdo.

Revista Ideele, Noviembre 27 2011

martes, 25 de octubre de 2011

IQUITOS: URBE QUE RESPIRA CULTURA

Por Jorge Paredes
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Estamos en la Calle. Este es el nombre de un festival que, desde hace cuatro años, se desarrolla en Iquitos durante el lluvioso mes de agosto, pero bien podría ser la frase que resume toda la actividad cultural en esta ciudad: una movida esencialmente urbana, juvenil, callejera, tropical, impulsada por una generación de artistas y gestores que han convertido esta urbe rodeada de ríos en un ‘point’ cultural, en un epicentro donde la pintura pasa de las penumbras de un bar o de un pueblo ancestral como Pevas a las salas de arte; o donde el cine busca abrirse paso con proyectos serios y cosmopolitas; o donde el rock se fusiona con el hip hop y el sazonado ritmo tropical; y donde el grafiti tiene un espíritu social y ecológico.
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La noche en Iquitos no tiene final, sobre todo en un espacio subterráneo, ubicado en el barrio de Morono Cocha, que algunos conocen como El Refugio. Es una especie de bar, discoteca y centro nocturno, de rústicas paredes pobladas de decenas de pinturas fosforescentes de dilatados cuerpos femeninos, que tienen algo de ese estilo urbano, recargado y kitsch, con el que el artista Christian Bendayán sacudió la escena limeña hace algunos años.
En esta penumbra, regada de sillas y mesas tambaleantes, me recibe José Asunción Araujo (Ashuco), un hombre de 52 años, de gran sonrisa y manos rollizas, que ha puesto su arte al servicio de la noche. Él se ha dedicado a pintar mujeres, así de simple, y sus divas, despampanantes y voluptuosas, adornan bares y centros nocturnos de la ciudad. Ashuco forma parte del colectivo Poder Verde y ha expuesto en Lima y en Buenos Aires, Argentina, donde –cuenta– todos quedaron impresionados con su arte radical. En Iquitos es una celebridad, aunque él prefiere el perfil bajo: “Mi gorda se molesta si salgo de noche” confiesa, refiriéndose a su esposa. Esto no le impide contar, sin embargo, que su pintura nació a raíz de su admiración por la mujer y de su larga vida amorosa: “He tenido 37 enamoradas”, dice con precisión matemática. Ashuco dibuja y pinta desde que tiene uso de razón. En el colegio, solía delinear las curvas de Superchica, pero ahora sus heroínas son más terrenales. Él agrega a sus dibujos corazones sangrantes y frases despechadas, porque en El Refugio el amor y el desamor bailan el mismo ritmo.
Si algo ha destacado en Iquitos en los últimos tiempos, ha sido la fuerza vital de una plástica urbana, cuya punta de lanza es la obra de Bendayán (algunos de sus cuadros pueden verse en el bar Arandu, en el famoso malecón), aunque también de artistas como Harry Chávez (quien es limeño), Ashuco o Luis Cueva Manchego (Lu.Cu.Ma) .En el otro extremo, está ese arte cargado del exuberante imaginario amazónico, de mitos y códigos ancestrales que tan bien representan las obras de Brus Rubio y de Santiago y Rember Yahuarcani (padre e hijo), ambos oriundos de Pebas, una localidad a orillas del río Ampiyacu, a doce horas de Iquitos en lancha.
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Son las seis de la tarde de un sábado y en Iquitos se desata una lluvia feroz. Frente a la plaza Bolognesi, en la cuadra 1 de la avenida Quiñones, Sose rescata del agua sus potes de pinturas y su mochila. Estaba a punto de terminar un mural, pero ahora, con el polo empapado, se pone a buen recaudo. Su nombre es José Silva, tiene 22 años, y desde hace siete que se dedica al arte del grafiti. El próximo año viajará a Tijuana a un encuentro con otros artistas mexicanos del movimiento Guerrilla Visual. Sin embargo, Sose no pinta solo, sino que lo hace en sociedad con Alonso, conocido por todos como Boa. “Ese es mi tag”, dice Boa, quien es delgado como su apelativo y un año menor que Sose. Aparte del grafiti, hace rap y hip hop con el grupo AKR (Arte, Kultura y Rebeldía). “La movida urbana aquí está bien fuerte”, afirma. “Nosotros tratamos de salir cada semana y dejar en la calle algo grande, con bastante color. Hemos pintado en Punchana, en Nanay, en la Plaza de Armas. La cosa es bombardear por todos lados y difundir el mensaje”, cuenta. ¿Y cuál es el mensaje? La temática social y la defensa de los recursos naturales. Boa y Sose forman parte del festival Estamos en la Calle, que el último sábado de agosto (día de cierre) reunió a veinticinco bandas de rock y a diez DJ, entre otros artistas.
Uno de los impulsores del festival es Rolando Rivas, músico y director regional de Cultura de Loreto, quien señala que la peculiaridad de estas bandas es tocar temas propios que tienen lo amazónico como eje de sus letras y música. Este año, se han movido lejos del centro, a la plaza Bolognesi, pues en la mayoría de calles se está cambiando el servicio de alcantarillado.
Son casi las dos de la mañana y, por el escenario, ya ha desfilado lo más variado del underground iquiteño: grupos de trash metal como La Pleve, de punk como Baño Común y de fusión como Chakruna, que mezclan el rock con música tradicional. Sin embargo, lo más esperado son Los Wembler’s, una banda mítica, que allá por los años setenta inventó la cumbia amazónica. El ritmo tropical cierra la noche y todos terminan felices, empapados por la lluvia: punto final para un festival que no tiene fines de lucro, pero sí fines de conciencia, dicen sus organizadores. Como canta Boa, en ritmo de rap: “Campesino evolucionó / ahora trabaja para dueño de transgénico / Pronto comeremos vegetales cibernéticos / Multinacionales van creciendo, mientras indígenas, árboles y animales van muriendo / El río nos quieren quitar para engreír a Lima / Basta ya de la centralización / Mensaje consciente, valiente, para toda nuestra gente”.
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Después de las artes plásticas, lo que más se ha desarrollado en Iquitos ha sido la movida audiovisual. En realidad, la ciudad, por su geografía, mitos e historias, siempre ha sido un imán para cineastas locales y extranjeros. En los lejanos años 30, Antonio Wong produjo “Bajo el sol de Loreto” e inició una tradición. Ahora el director Dorian Fernández y el guionista Paco Bardales se alistan para dar el gran salto. En marzo del 2012, empezarán el rodaje de “Desaparecer”, una película de suspenso (cuyo proyecto fue premiado este año por Conacine), que tiene como telón de fondo la explotación de los recursos naturales en la selva. Dos de sus cintas anteriores (“Chullachaqui” y “El último piso”) tuvieron gran aceptación de la crítica y del público. “Iquitos es mucho más que el fútbol gay o las chicas desnudas que bailan”, dice Dorian. “En la ciudad se han generado proyectos interesantes como Poder Verde y Amo Amazonía, y existe un grupo de gente joven que coincide en llevar sus trabajos a Lima y al extranjero. Es una generación que entiende que no se trata solo de crear sino también de difundir”, reflexiona Fernández.
Aislada geográficamente del resto del país, Iquitos (a donde solo se llega por avión o por río desde Ucayali, en un viaje de cuatro o cinco días), resurge culturalmente en estos tiempos de conexiones inalámbricas. Como dice el poeta Carlos Reyes: “la tecnología ha derribado fronteras, nos ha unido con el mundo”. Aunque todavía la conexión a Internet es deficiente, Iquitos es cada vez más cosmopolita y su vida cultural tiene el ímpetu de una generación que va tomando conciencia de su lugar en el mundo.
Días de libro
Aunque no existe en la literatura un equivalente al ‘boom’ pictórico, sí persiste en Iquitos una potente tradición oral, que en palabras del poeta Percy Vílchez “desborda lo narrativo”, porque, en medio de la mo-dernidad más asfixiante, los relatos se impregnan de mitos e historias ancestrales.
Actualmente, existen dos proyectos editoriales en la ciudad, opuestos entre sí, pero complementarios: por un lado, está el Centro Teológico de la Amazonía y su inmensa tarea de editar libros orientados a reconstruir el pasado y la memo-ria local y, por el otro, está Tierra Nueva, una editorial que mira el presente y que ha llenado un gran vacío en la producción de libros de poesía, narrativa y ensayos, no solo de autores locales sino también lime-ños y de otros lares. Su director es el periodista Jaime Vásquez y, bajo su sello, han aparecido títulos de los poetas Percy Vílchez (“Santuario de peregrinos” y “El linaje de los orígenes”) y Carlos Reyes (“Animal de len-guaje”), y del escritor, periodista y productor cinematográfico Francisco Bardales (“Iqt”). La editorial organiza, además, en la quincena de setiembre, un encuentro literario, cuya última versión convocó a los poetas Rodolfo Hinostroza, Marco Martos y Eloy Jáuregui.
“Volver a soñar”
En el barrio de Pueblo Libre, en el corazón de Belén, esa enorme ciudad flotante donde campea la pobreza más extrema, se desarrolla una serie de talleres artísticos impulsados por la asociación La Restinga, los cuales buscan devolver a los niños de esta localidad la capacidad de soñar. Parece simple, pero no lo es: “Hay una profecía de la pobreza en Belén”, explica el comunicador social Luis Gonzales-Polar, director ejecutivo de esta agrupación. “Si eres hombre, serás borracho, drogadicto o delincuente y, si eres mujer y no te prostituyes, serás abusada o maltratada. Nosotros tratamos de que los chicos no cumplan esa profecía”. ¿Cómo? “A través de talleres temáticos que les permitan recuperar sus sueños. Parece absurdo, pero, en situaciones adversas, soñar y jugar está prohibido. El trabajo que hacemos es hacerles ver que el futuro existe, que será duro, pero se puede salir adelante”. En quince años, La Restinga ha impulsado festivales y ha logrado forjar jóvenes artistas. Ahí donde antes había solo frustración, existe algo de esperanza.

Fuente: Diario de IQT de Paco Bardales con la siguiente introducción


La Amazonía es de por sí un espacio importante para la inspiración. Pero, además, un lugar donde se puede encontrar espacios de creación. La cultura respira en cada espacio. Uno de los más dinámicos espacios es Iquitos. Acá una nota especial, escrita por Jorge Paredes, subeditor del suplemento El Dominical del diario El Comercio, como testigo de excepción de esta explosión artística.

martes, 22 de septiembre de 2009




Etnia de los shawis al rescate de su pasado

ES UNO DE LOS GRUPOS MENOS ESTUDIADOS DE LA REGIÓN LORETO. Luchan por preservar su lengua materna
Recuperarse implica, ante todo, asumirse. “Balsacho” es el adjetivo despectivo que recibe cualquier nativo shawi del distrito de Balsapuerto (Loreto) apenas pisa una ciudad con cemento, pollerías y mototaxis.

“Balsacho” le dijeron a José Púa Pizango en Pucallpa cuando fue a estudiar en un instituto técnico; él había empezado el colegio recién a los 9 años en la comunidad de Pueblo Chayahuita y la temporada en la ciudad la entendió como una escala ineludible hacia el desarrollo personal. Que lo insultaran era secundario: José logró acostumbrarse a la idea de que era distinto, pero esta vez como un adjetivo ponderativo.

Los shawis —también llamados chayahuita— integran una de las etnias menos estudiadas por la antropología moderna. Aldo Fuentes se animó, décadas atrás, a investigar a este grupo humano enclavado en lo más profundo de la región Loreto; la escasa información disponible daba cuenta de una población con muy poca vitalidad, reprimida, tímida.

El trabajo de campo, como tenía que ser, reveló detalles más exactos y menos prejuiciosos. “Es posible que haya un fondo común entre una antropología que busca curiosidades exóticas y una sociedad que desprecia y discrimina. En ambos casos, el hombre apenas si es tomado como un objeto”, escribió el antropólogo en el libro titulado “Porque las piedras no mueren” (1988). En el mundo shawi no había poca vitalidad, ni represión ni timidez. Había paradojas.

LOS CAMBIOS

Recuperarse exige, además, reivindicarse. Se calcula que entre 13 mil y 20 mil shawis viven dispersos en la provincia loretana de Alto Amazonas (en los distritos de Balsapuerto, Cahuapanas, Jeberos, Lagunas, Morona, Teniente César López y Yurimaguas). Son considerados una minoría importante entre las etnias amazónicas.

Desde el siglo XVI en adelante, los shawis han visto desfilar entre sus comunidades a esclavistas españoles, misioneros, patrones y hacendados, caucheros, comerciantes revendedores y buscadores de petróleo. A pesar de este contacto exterior más o menos continuo, la composición social básica no ha variado.

Han variado, sí, las principales costumbres. Recuerda Robinson Pinedo que los primeros profesores que en los años 60 llegaron a la comunidad de Fray Martín —a seis horas de navegación desde Yurimaguas— eran mestizos. Que apenas empezaron a enseñar prohibieron la lengua shawi. Que al alumno que hablaba shawi lo obligaban a arrodillarse sobre los granos de maíz. La educación formal resultó siendo el camino hacia la identidad perdida, y esto a su vez resultó siendo una infeliz paradoja.

Robinson es ahora el apu de la comunidad. Todas las noches, él y sus hijos caminan hasta el río Paranapura y buscan a los peces que se acercan a la orilla para dormir. Robinson tiene toda la noche para pescar y para hablar shawi con sus hijos. Solo él puede hacerlo: su mujer únicamente entiende el español.

LA RESISTENCIA

Recuperarse es, por cierto, valorarse (en un sentido ecuménico antes que económico). Víctor Cahuaza fue la primera autoridad de la comunidad de Fray Martín, allá por 1967. “Cuando vino el primer mestizo se dejó de hablar shawi”, recuerda.

Pero no solo hubo un bache lingüístico: en lugar de “pampanillas”, las mujeres se acostumbraron a las faldas con marca, y el masato —que aquí se consume todo el tiempo— dejó de servirse en “mocahuas” de cerámica decorada porque más fácil era comprar una vasija de plástico y en las fiestas ya no hubo bombo y quena sino una radio a pilas.

Aunque algunos aspectos no cambiaron. La hija de Víctor murió hace dos años apenas dio a luz; él ahora cría a su nieto. La mortalidad posparto sigue siendo la misma, tanto tiempo después. Paradójico, también.

Uno podría decir, sin embargo, que los shawis han acumulado posibilidades de restablecer sus tradiciones. A dos horas de la comunidad de Fray Martín (más lejos de Yurimaguas, por lo tanto) se ubica la comunidad de Panán. Lo primero que llama la atención es que las niñas y adolescentes de esta amplia localidad suelen llevar los rostros pintados con huito, una planta de la región.

En Panán están Juan Napo y su mujer, Feliciana, que con los años que lleva encima aún se recuesta en el piso a diseñar mocahuas. Ellos aún creen que el hombre debe tomar masato de un solo sorbo para demostrar su fuerza. Y creen en el poder espiritual que los ha hecho conocidos y que —dicen ellos— ningún awajun duerme donde duerme un shawi por temor o por respeto. Y creen que habiendo ya profesores nativos la lengua shawi no desaparecerá. Esa es la clave.

Porque recuperarse es, finalmente, resistir.

EL DATO
Lengua protegida. Desde el 2003, la mayoría de profesores que enseñan en las comunidades shawi son nativos bilingües de esta etnia. Ello para asegurar la permanencia de la lengua y la cultura.

Fuente: Diario El Comercio

www.amazoniamagica.com

viernes, 6 de febrero de 2009

Los programas sociales engordan mascotas en CONDORCANQUI

Por: Rubén Darío Ninahuanca Rivas 

Santa María de Nieva.

Hace unos días tuve la dicha de visitar a mis amigos de la Comunidad Nativa de Chapiza, ubicada en la cuenca del Río Santiago; ingrata fue mi sorpresa en encontrar al mejor amigo del hombre almorzando uno de los sobrecitos que el PRONAA reparte a las comunidades indígenas con la finalidad de combatir la desnutrición.

Según UNICEF [2], la tasa de desnutrición en Condorcanqui alcanza el 70% de los niños menores de 10 años, y al poder ser testigo de la escena (antes que indignarme) fue momento oportuno el preguntar al dueño de casa el porqué de la situación. Antes de contestarme entre risas me expresaban que no solo los perros eran quienes degustaban de tan nutritivo potaje sino también los pollos, peces o cualquier otro animal de la casa que tenga hambre.

Con ese polvito, el pollo crece mucho más rápido y está más gordo [3] La respuesta a una sola voz de los integrantes de la familia fue: “es feo, no nos gusta, no podemos comerlo, algunas veces le ha dado diarrea”. En ese momento recordé de los platos que en casa, cuando era niño no me gustaba pero que mi madre me obligaba a ingerir porque decía era que nutritivo. Fue entonces cuando por las escenas repetidas en mi inconsciente me impulsaron a repetir frases de responsabilidad sobre las comunidades indígenas; “están desnutridos porque quieren”, el Estado invierte millones en las comunidades y ellos alimentan a las mascotas”, “las comunidades están mal porque se lo buscan”; sin embargo decidí mirarlo desde la otra orilla, o desde la otra cara de la moneda como algunos lo llaman, y para ello recuperaré algunas de las experiencias que he tenido que vivir con mis amigos indígenas, con quienes nunca dejo de aprender.

En alguna oportunidad en reuniones realizadas en las comunidades. A la hora del almuerzo me han invitado a degustar el famoso “suri” (Gusano de aproximadamente 4 centímetros de largo y un grosor no menor al de mi dedo meñique) y obviamente me he negado cuantas veces me lo han ofrecido, porque creo que no me gustará y la sola presentación no es tan apetecible para mí. Sin embargo ellos refieren que el “suri” tiene muchas proteínas y puede curar el asma; pero ni aún esas explicaciones me han motivado a degustar de este plato típico indígena. Si realizamos una comparación de las situaciones, entre lo que el Estado a través de sus programas les entrega a las comunidades y lo que para mí significa comer “suri”; creo que no existe diferencias.

Uno de los profesionales de salud de la Comunidad de Chipe “no daré nombres por las represalias” me refería que una de las alternativas para mejorar la nutrición en Amazonas era la producción de productos nutritivos pero que sean parte de su dieta alimenticia, no la entrega de productos que son ajenos a su dieta alimenticia, porque en algunos casos su organismo no está acondicionado a digerir con facilidad, originando diarreas, cólicos de gases entre los más comunes; y, siendo una cultura muy sensible éstos productos en algunos casos han originado que las personas crean que los están envenenando o es un problema de brujería[4].

En la comunidad Nativa de Achuaga, nos referían que las personas recibían estas bolsitas de suplemento alimenticio del PRONAA, para venderlos a los que eran propietarios de piscigranjas.
Este tipo de situaciones se origina cuando los técnicos encargados de diseñar un plan no toman en cuenta el aspecto cultural y creen que todos piensan como ellos, o, cuando se cree que somos personas con alguna discapacidad mental que tenemos que ser cuidadas y nunca como un ciudadano, pues claro al final los únicos favorecidos son las empresas que ganan estas licitaciones de elaboración de estos productos alimenticios.

El PRONAA en el año 2008 ha tenido como presupuesto total: 335´846,206. 78 nuevos soles y el PRONAA Imacita: 1,766,856,84 nuevos soles; (5) y al parecer los resultados no se verán si es que la estrategia o el cambio del producto alimenticio que se entrega varíe.


Es probable que este diagnóstico, del que puedo asegurar que se repite en CCNN Chipe, CCNN Chapiza, CCNN Achuaga, CCNN Utt y CCNN Soledad; no sea tomado en cuenta porque no es oficial, entonces creo que es oportuno que se realice una evaluación seria de este programa porque nos cuesta a todos los peruanos y no está dando los resultados que se esperan porque al parecer no se cuenta con un buen equipo de trabajo.

[1] Abogado de la Universidad Nacional de Piura. Especialista en Derecho Municipal y Regional, Especialización en Gestión de la Política Social y Especialización en Gestión de Desarrollo Sostenible. Cuenta electrónica: nrrubendario1980@yahoo.es
2] Informe presentado en Setiembre del 2008, en el Auditórium de la Gerencia Sub Regional de Amazonas, Condorcanqui.
[3] Jefe de la Familia Tsamajen
[4] La brujería en las comunidades awajún se castigan con la muerte.
[5] Información presupuestal del PRONAA. Disponible en:
World wide web: http://www.pronaa./ gob.pe/transpare ncia_pronaa/ presupuesto/ presupuesto_ 2008.htm