lunes, 1 de octubre de 2012

Aguajal: Ecosistema de vida en la Amazonía Peruana


Por Piero Rengifo Cárdenas
El Perú es el segundo País con mayor superficie de bosques tropicales en América Latina -superado solo por Brasil- y el cuarto a nivel mundial.
Sus más de 70 millones de hectáreas representan el 13% de los bosques amazónicos, albergando ecosistemas considerados entre los más ricos del mundo en diversidad biológica, diversidad cultural, recursos naturales y ecosistémicos.
Más de la mitad del territorio nacional está cubierto de áreas boscosas de diversos tipos. Entre ellas destacan los Aguajales -también denominados humedales-, ecosistemas forestales húmedos cubiertos de una extraordinaria vegetación pantanosa.
Los aguajales juegan un rol importante desde el punto de vista económico, social y ambiental en la Amazonía, pues permiten el desarrollo de actividades económicas además de cumplir un importante rol para diferentes especies adaptadas a este habitat.
Se caracterizan por sufrir inundaciones periódicas, resultado de la topografía, mal drenaje o desborde de los ríos. Su nombre se deriva de la presencia dominante del Aguaje, árbol de la familia de las palmeras.
Las especies más importantes de aguaje son: Mauritia flexuosa, Mauritia vinífera y Mauritiella peruviana (aguajillo).
La variedad Mauritia flexuosa crece en áreas que resultan de la acumulación en el agua de materia orgánica poco descompuesta. Soporta una inundación permanente de su sistema radicular –es decir, de sus raíces-, pudiendo afirmarse que su presencia es característica en las zonas inundables de la Amazonía.
El aguaje es una de las palmeras más abundantes en Sudamérica; se distribuye en el occidente por Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia; y hacia el oriente –a través de las cuencas del Amazonas y del Orinoco- por Venezuela, las Guyanas, Trinidad y los estados brasileños de Bahía, Goiás, Mato Grosso, Minas Gerais y Sao Paulo.
Además de muchos otros beneficios, los servicios ambientales del aguajal resultan sobresalientes.
Este ecosistema es un gran almacén de carbono, por lo que su papel en la mitigación del cambio climático mundial es de gran importancia, llegando a almacenar más de 480 toneladas de dióxido de carbono por hectárea. De tres a cinco veces más que cualquier otro ecosistema tropical.
Tiene además una importancia primordial en la base de la cadena alimentaria de los trópicos y muchas especies de fauna silvestre, especialmente ungulados, monos y varias especies de peces, dependen, en gran medida, de su fruto. Por ejemplo, el 76 por ciento de la dieta de la sachavaca (Tapirus terrestris), el ungulado más grande de la Amazonía, proviene de los frutos del aguaje.
El aguaje puede ser considerado la palmera de mayor importancia de la Amazonía, por lo que con mucha razón el explorador Alexander Von Humboldt la denominó hace dos siglos el Árbol de la Vida.
Sin embargo, a pesar de estas cualidades, los aguajales no son aprovechados de forma sostenible.
Muchas de las palmeras que forman los humedales son expuestas a una extracción indiscriminada y, frecuentemente, destructiva, de modo que comienzan a escasear de las zonas más cercanas a poblaciones humanas.
Probablemente el caso más dramático sea el del aguaje, talado para ser cosechado debido a la mala y arraigada costumbre de cortar la palmera para cosechar sus frutos, de gran demanda en el mercado alimenticio. Lo peor de esta práctica es que apenas aprovecha una fracción de los mismos -normalmente 2 o 3 racimos de los 6 u 8 que suele tener- ya que el resto suele estar demasiado verde como para madurar.
Más allá de esta mala práctica, la minería se presenta como otra amenaza para la continuidad de este ecosistema pues sus operaciones amenazan a todo el territorio donde se desarrolla.
Se calcula que hasta 2009 las minería en Madre de Dios ha deforestado unas 18 000 hectáreas (ha) de bosque y degradado 150 000 ha adicionales. El mercurio y otros metales pesados utilizados para esta actividad han contaminado fuentes de agua, ríos, quebradas, cochas y, por supuesto, aguajales, poniendo en riesgo la salud de la fauna y la flora, además de la propia población humana.
Los movimientos de tierra producidos por la minería –entre otros causantes- producen el incremento de la sedimentación en las riberas de los ríos. Esta elevada carga de sedimentos afecta negativamente los bosques inundables, los pantanos y otros humedales. Especialmente susceptibles a su acción son los aguajales, que mueren cuando la excesiva acumulación de limo tapa sus neumatóforos, raíces típicas de las especies que se desarrollan en entornos húmedos, que crecen hacia arriba para poder captar oxígeno.
Se calcula que en su hábitat natural -donde tiene que competir por luz y nutrientes con otras plantas- el aguaje puede necesitar entre 30 y 100 años para llegar a ser un individuo adulto. Por eso, dañar a esta especie y al ecosistema al que pertenece, no es solo dañar el presente si no también el futuro. Piénsalo.
Bibliografía: Che Piu , H., & García, T. (2011). La Situación de REDD en el Perú. Lima.
 
Nota: Piero Rengifo Cárdenas es Ingeniero Forestal. Nació en Pucallpa y forma parte del Programa de Conservación de iSur con sede en Puerto Maldonado.

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