lunes, 31 de enero de 2011

Árboles útiles de la Amazonía Peruana

Un manual con apuntes de identificación, ecología y propagación de las especies


Versíón digital

Autores:

C. Reynel

R. T. Pennington

T. D. Pennington

C. Flores

A. Daza


Link



INDICE


BIGNONIACEAE Tabebuia serratifolia (“Tahuarí amarillo”)...............................................................3

EUPHORBIACEAE Croton draconoides (“Sangre de grado”)............................................................7

LAURACEAE Nectandra longifolia (“Moena”)...................................................................................10

LECYTHIDACEAE Cariniana decandra (“Cachimbo”)......................................................................13

LEGUMINOSAE (CAESALPINIOIDEAE) Copaifera paupera (“Copaiba”).......................................16

LEGUMINOSAE (CAESALPINIOIDEAE) Schizolobium parahyba (“Pino chuncho”).......................19

LEGUMINOSAE (FABOIDEAE) Dipteryx micrantha (“Shihuahuaco”).............................................22

LEGUMINOSAE (MIMOSOIDEAE) Cedrelinga cateniformis (“Tornillo“)..........................................26

MELIACEAE Cedrela odorata (“Cedro”)...........................................................................................30

MELIACEAE Swietenia macrophylla (“Caoba”)................................................................................34

MORACEAE Brosimum lactescens (“Manchinga”)...........................................................................38

MYRISTICACEAE Virola calophylla (“Cumala”)...............................................................................41

RUBIACEAE Calycophyllum spruceanum (“Capirona”)....................................................................45

STERCULIACEAE Guazuma crinita (“Bolaina”)...............................................................................48

 

sábado, 29 de enero de 2011

La literatura indígena amazónica

por Ricardo Vírhuez Villafane

La literatura oral, étnica o indígena es una forma de literatura tan antigua como el mismo lenguaje. La literatura es un viejo oficio que puede rastrearse desde los tiempos más remotos de todos los pueblos. El reciente invento de la escritura, y luego de la imprenta, no hizo más que acelerar su desarrollo, establecer niveles y diferencias y sancionar la división del trabajo intelectual. Surgió así la literatura moderna con las peculiaridades que todos conocemos, pero no surgió la literatura. Los criterios etimológicos de que la literatura es principalmente escritura aparecen cuando esta (la escritura) es entronizada por los grupos dominantes como el principal medio de coerción ideológica; hecho que en la actualidad los medios de comunicación electrónicos, en muchos aspectos, han vuelto anacrónico.

Por tanto, la etimología no puede darnos la significación ni el sentido de la literatura, sino apenas el origen de su nombre. La literatura ágrafa, oral y colectiva se ha practicado y se practica en todos los países del mundo. Cuenta Menéndez Pidal que Carlomagno dio la orden para que los cantos bárbaros y antiquísimos de los francos fuesen aprendidos de memoria para que no se perdieran para las generaciones venideras. Y explica: «Entre las varias formas de arte existente, hay una forma de arte tradicional en la que el gusto literario es profundamente colectivo. El autor de cada obra es anónimo por esencia, porque él, individuo, se sumerge en la colectividad. Por esta forma de arte tradicional y anónimo, comienzan históricamente todas las literaturas».

Esta literatura fue trasmitida por generaciones de padres a hijos, y poco a poco se fue especializando el narrador. Surgieron los haravicus incaicos, los kantule panameños, los Minnesänger alemanes, los juglares, trovadores y bardos de la Edad Media, los shair persas, los scop de los antiguos teutones, los aedos griegos, y posteriormente los escritores. Y la literatura que produjeron estos narradores y cantores populares es inmensa y rica, y su poder de sugestión y belleza compite vigorosamente frente a la literatura moderna con todos sus recursos técnicos y conocimientos lingüísticos. Incluso, como sostiene Albert B. Lord, «no hay ninguna duda ahora de que el autor de los poemas homéricos fue un poeta oral. La prueba se encuentra en los mismos poemas». Y la oralidad fue también el sustento creativo de la literatura fantástica de la Biblia, el Mahabharata, el Corán, el Popol Vuh, las sagas escandinavas, la literatura griega clásica, etc. Pero lo que nos interesa en este apartado es la literatura tradicional de los pueblos indígenas amazónicos, cuyas características iremos desentrañando.

La fuente escrita

Para el estudio de la literatura indígena amazónica existen dos fuentes principales: la narración oral y directa de los integrantes de la comunidad nativa en su mismo idioma, y las recopilaciones y traducciones hechas por curas, antropólogos, lingüistas y profesores, publicadas comúnmente bajo el apelativo de supersticiones, mitos o leyendas. Nos hemos servido de esta última fuente porque el trabajo de campo excede nuestras posibilidades, y porque las recopilaciones publicadas en lengua española o bilingüe forman parte ya de la literatura indígena amazónica.

De poco nos sirven los datos de los cronistas españoles al referirse de pasada a lo que consideraban creencias paganas. Ni tampoco los textos que, desde la publicación de Leyendas y supersticiones amazónicas (1881) de Juan Barboza Rodríguez, se refieren al anecdotario mestizo y rural ribereño. Recién en este siglo comienzan las verdaderas recopilaciones más o menos sistematizadas y abarcadoras.

Tenemos, por ejemplo, una amplia gama de publicaciones acerca de las naciones indígenas de la familia lingüística Pano como Creencias, mitos y leyendas (1990) de Ulises Reátegui; Mitología Chama (1969) y Mitos y Leyendas de los Kikin Juni (1988), de Francisco Odicio Román; La verdadera biblia de los Cashinahua (1975), de André-Marcel d’Ans; Cuentos Cashibos I y II (1977), de Gregori Estrella; La poesía de las canciones cashibo (1976), de Wistrand Robinson; Textos shipibos (1975), de James Loriot; Las tres mitades de Ino Moxo (1981), de César Calvo; Mil y una hogueras (1991), de Danilo Sánchez Lihón y El universo sagrado (1991), de Luis Urteaga Cabrera, entre otras.

De la nación Ese-Eja conocemos Con la voz nuestros Viejos antiguos (1984), de María Chavarría Mendoza. Sobre los quechuas amazónicos se tienen Pueblo y bosque (1975), de Francisco Izquierdo Ríos; Nosotros los Napu-runas (1979) de Juan Marcos Mercier; Sacha pacha (1976) y Había una vez en la selva (1983), de Juan Ortiz de Villalba; Textos en el quechua del Pastaza (1975), de Christa Brauch; Cuentos folklóricos de los quechuas de San Martín (1981), de Filemón Tuanama; Cantos de amor y de guerra (1987), de Alessandra Folleti, y las múltiples publicaciones realizadas desde el Ecuador por la editorial Abya-yala y los refranes, sueños, poemas y cuentos quechuas publicados por el CIEI-CICAME.

De la familia Jíbara se encuentran Mitos de los indios jívaros (1919), de Rafael Karnstein; Mitos e historias aguarunas (1974), de José Jordana; Poesía lírica aguaruna (1979) y Antología de prosa narrativa aguaruana (1980?), de José Guallart; Cantos de amor de la mujer achuar (1981), de Siro Pellizaro; Duik Múun (1979), de Lucía Chumap; Cuentos folklóricos de los achual (1976), de Gerhart Fast; Textos candoshi (1975) de John Tuggy y Cuentos folklóricos de los candoshi, de Mary Hinson(1976), etc.

De las naciones Orejón y Secoya tenemos Pai y Mai (1990) de Juan Marcos Mercier y Textos folklóricos de los orejón (1977) de Daniel Velie. De la familia Arahuaca, Tashorintsi, tradición oral machiguenga (1979), de Pascual Alegre; Los piros: leyendas, mitos, cuentos (1960), de Ricardo Álvarez; Los machiguengas (1943), de Vicente de Cenitagoya; Los machiguengas (1967), de Andrés Ferrero; La sal de los cerros,deStefano Varese: (1973); El hablador (1987), de Mario Vargas Llosa; Los mashcos hijos del Huanamei (1970), de Joaquín Barriales; Cuentos folklóricos de los machiguenga (1968), de Harold Davis y Los mashcos en la antigüedad (1958) de José Álvarez.

Si hemos citado una cuarentena de títulos, no es exagerado afirmar que existen varios centenares de textos publicados como libros y otros incluidos en revistas y diarios, cuya cita requiere un trabajo bibliográfico superior y actualizado del de Ana María Espinola y Miguel Ángel Rodríguez (Amazonía Peruana Nº 3, 1978), incluyendo los libros publicados en idioma extranjero, las recopilaciones difíciles de hallar del Instituto Lingüístico de Verano (conocemos su amplísima Bibliografía 1946-1986, recopilada por Mary Ruth Wise en 1986) y las que en la actualidad realizan lingüistas, antropólogos y profesores.

Al respecto, no olvidemos las sabias palabras del poeta Ernesto Cardenal: «Algún día nos daremos cuenta de que la poesía más grande de América es la de nuestros indios. Mucha de la mejor poesía de América pertenece a tribus ya extintas o confinadas en las espesas selvas del Amazonas o el Orinoco».

Por ello, pese a las buenas recopilaciones o recreaciones, la verdadera producción de la literatura indígena solo será creación de los propios indígenas, quienes, sin perder su esencia cultural, sabrán recoger y aquilatar las influencias de otras culturas, hasta lograr producir, con la fuerza de sus rebeldías, pasiones, sabiduría e imaginación creadora, uno de los mejores aportes a la cultura popular de nuestro continente.

El Relato Mítico

¿Pero qué tipo de sub-género o especie literaria es el relato mítico? ¿En qué se parece al cuento o al relato, o acaso a la novela o la epopeya, y cuáles son sus características específicas que lo hacen único y diferente de otras especias literarias? ¿Pueden crearse relatos míticos en la actualidad, distintos de los tradicionales?

A estas alturas de las reflexiones sobre literatura indígena, parece lógica la obligación de responder a tales preguntas. Sin embargo, todavía me resultan difíciles las respuestas debido a que, en primer lugar, la naturaleza del mito posee tantas ventanas abiertas que desafían cualquier afirmación definitiva; y, en segundo lugar, porque el problema de los géneros sigue siendo una polémica irresoluble dentro de la literatura.

Pero podemos continuar boceteando aproximaciones y definir conceptos más o menos claros como un recurso pedagógico que nos permita, bajo bases comunes, comprender los aspectos cuestionados de los relatos míticos.

Lo primero que podemos hacer es discriminar el relato mítico (donde descansan propiamente los contenidos míticos) de las canciones, himnos y dramatizaciones indígenas. De este modo nos limitaremos al aspecto puramente narrativo, alejándonos de sus elementos poéticos y teatrales. Hemos utilizado el término relato y no cuento porque el primero posee una acepción general y plasticidad para adecuarse a diversas formas narrativas breves. En cambio el cuento, pese a que también acepta la generalidad del relato y, en sus formas antiguas, eran idénticos, ha adquirido en la actualidad un estatus propio, posee características específicas e incluso técnicas y recursos que le han dotado de autonomía y distanciado de sus antecesores.

Obviamente el relato mítico carece de las cualidades del cuento moderno, y solo elementos accidentales pueden darle la estructura y síntesis de este último, especialmente si se trata de una buena traducción y una versión mejorada. El agregado mítico al relato solo nos aclara la especificidad del sub-género. Es decir, si el sub-género es el relato, y si el relato puede ser fantástico, humorístico, histórico, etc., decir relato mítico solo significa que se trata de relatos cuyo contenido es mítico.

Las características del relato mítico son, en principio, las de cualquier relato en general. La diferencia en su forma, tema y mensaje es dado por el contenido mítico, la habilidad del narrador oral y las costumbres tradicionales y vigentes en el acto de narrar. Un relato mítico narrado oralmente por un indígena a su comunidad es en realidad el fragmento de una larga narración cuyos hechos, personajes y desenlaces no siempre se corresponden y parecieran guardar una inexplicable incoherencia. Pero aquí radican precisamente sus características originales. La fragmentación de las historias (se narra un relato, y luego se pasa a otro, y así sucesivamente), pese a su relación y vertebración interna (a veces los mismos hechos y los mismos personajes), son tratados generalmente con entera libertad, de modo que el relato solo posee autonomía en la medida en que la versión del narrador se lo permita. Los personajes no siempre cumplen el papel de personajes. Pueden existir solo como pretexto y no como sujeto. De modo que si nos interesamos por la suerte de determinado personaje, podemos quedar desencantados cuando comprobamos que ha desaparecido sin explicación alguna.

Cambia el desarrollo de la historia, y cambia también el desenlace. La versión del narrador es importante, pero también lo es la necesidad interna de la comunidad. Al fin y al cabo, la literatura indígena es expresión de su imaginación verbal, de sus sueños, esperanzas y necesidades materiales.

Esta incoherencia narrativa, junto a la mutabilidad de la acción y el desenlace, así como la fragilidad existencial de los personajes y la fragmentación de la historia, representan las características más resaltantes del relato mítico. Todo depende de la versión del narrador oral. En cuanto esta versión se hace escrita, las reglas de juego cambian.

Respecto de los temas del relato mítico, tenemos algunas constantes fáciles de destacar: cosmogónicas, cuando se narran las relaciones –generalmente humanizadas– de los astros y el universo; de origen, cuando asistimos al nacimiento del hombre, y en general de los seres vivos; y culturales, cuando se describe la aparición de las técnicas que el hombre inventa para «conquistar» la naturaleza, como la agricultura, la pesca, las viviendas, etc.Esta tipología es general y pedagógica. Cada una de estas constantes produce subdivisiones que las hacen más específicas y originales. Ninguna es pura. Más bien, se encuentran interrelacionadas y en algunos casos la única forma de nominarla es destacando el factor dominante. Es decir, si nos encontramos con relatos míticos que son cosmogónicos, de origen y culturales al mismo tiempo, es señal de que la especialización del relato aún permanece en proceso.

Podríamos agregar a esta primera clasificación otra de naturaleza menos general, en la que el tema se confunde con el carácter de la narración: humorística, aquella que amalgama la sonrisa con la carcajada delirante; fantástica (en su acepción antigua), cuando intervienen seres sobrenaturales, mágicos e irreales; fábulas, cuando los animales reemplazan al hombre en su protagonismo; histórica, compuesta por hechos violentos o pacíficos determinantes en la vida de los pueblos; sociales, aquellas que reflejan y expresan las formas de vida social y los modos de ejercitar el poder y el derecho; costumbrista, referido a los hábitos y tradiciones de los pueblos, etc.

Evidentemente, el relato mítico abarca muchos más aspectos de los que la antropología atribuye al mito. El relato mítico no solo explica ordenadamente el origen del hombre y del mundo; también lo recrea, se contradice, imagina situaciones que van más allá de la simple necesidad de explicar las cosas y, en sus momentos más brillantes, adquiere la autonomía respecto de su función primera.

El relato mítico, en esta última acepción, representa la narrativa general de los pueblos indígenas amazónicos. Desde este punto de vista, el relato mítico solo pude ser expresión –tradicional o novedosa– de los pueblos indígenas. Y ello se debe a que, como dijimos anteriormente, no se trata de especificaciones literarias puras sino que todas ellas están atravesadas por el componente mítico esencial señalado en la primera clasificación. Los relatos míticos humorísticos, fantásticos, de fábula, históricos, sociales, costumbristas, etc., se encuentran teñidos de características míticas cosmogónicas, de origen o culturales, lo que los hace exclusivos de los pueblos indígenas.

Cuando el relato mítico (de naturaleza originalmente oral) se convierte en literatura escrita, ya sea por obra de recopiladores y traductores, y se traslada de la lengua nativa al castellano, es forzado a adquirir otra estructura narrativa, lo cual, en lugar de limitarlo o anularlo estéticamente, debería elevarlo a los niveles de comunicación que la versión oral sí sabe procurarle.

Respecto de la literatura indígena escrita en la misma lengua nativa, es poco lo que podemos decir. En algunos casos solo se puede hablar de una escritura incipiente. En la mayoría, en cambio, pese a la existencia de gramáticas y diccionarios de las decenas de lenguas indígenas, pese a las traducciones y a los maestros bilingües (los que en realidad solo hablan el castellano), es inexistente. Esta obra solo puede ser tarea de los propios indígenas. De modo que, de momento, no podemos referirnos más que a las traducciones en español.

En principio, debemos distinguir que así como la oralidad exige una determinada estructura narrativa, sometida a las características y necesidades del habla, igualmente la escritura exige sus formas y la sujeción a sus propias tradiciones, aquellas que han producido lo mejor de la literatura universal. Esto explica por qué las versiones escritas de los relatos míticos publicadas de modo literal y con resonancias fonéticas o pedagógicas, nos parecen tan pobres, aburridas y monótonas. En cambio las versiones realmente literarias, que transforman el relato mítico en narraciones solventes con las mismas o parecidas características del cuento moderno, son verdaderas joyas de arte que nos sorprenden y deslumbran, y nos introduce maravillados en la imaginación verbal de los pueblos indígenas.

Si toda traducción es una traición, tanto mejor si es útil a la literatura. Los recopiladores tienen la obligación de lucirse como escritores antes que como cajas de resonancia desafinadas. Solo la literatura produce literatura. Es decir, hay que rendirse siempre ante la palabra creadora.

(El presente texto pertenecerá a un libro que tendrá como título ‘Letras indígenas en la amazonía peruana’, del mismo autor).

Datos

Nació en Lima, Perú, en 1964. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la universidad de San Marcos, y posteriormente Lingüística, carrera que abandonó por la literatura, el teatro y los viajes. Participó en innumerables muestras de teatro peruano, actuando y dirigiendo el memorable grupo Tumueca, que conformaba con Ricardo Lacuta, Tito Meza y Julio Villanueva Chang, principalmente; dictó talleres de actuación y dirección teatral, y dirigió otros grupos de teatro en provincias. Vivió en Iquitos de 1992 a 1999, y trabajó como profesor en la Escuela de Bellas Artes de Iquitos y como editor de la página cultural de un diario local; participó en muestras colectivas de pintura y realizó su primera individual de fotografía en 1998. Viajó por innumerables ríos de la amazonía y visitó grupos indígenas, fruto del cual escribió ensayos sobre literaturas indígenas y literatura amazónica en general. Mientras tanto, desde inicios de los años 80 publicaba artículos de crítica de arte y literatura en diversas revistas del país, principalmente en el diario La República, en cuyo suplemento Andares ha publicado fotografías y crónicas de viaje. Actualmente trabaja en dicho diario y es editor de la revista de cultura Arteidea.

viernes, 21 de enero de 2011

Centenario de José María Arguedas
El escritor de todas las sangres…

Escribe: Luis Alberto Vásquez
elbochagol@hotmail.com
Molinos de viento

El 18 de enero de este año se cumple el centenario del nacimiento del escritor de todas las sangres, José María Arguedas, y aunque el gobierno no haya escuchado el clamor popular para que este año se le rinda un homenaje merecido, los pueblos más olvidados de la patria le harán el reconocimiento cantando sus canciones, volviendo a releer sus libros y volviendo a soñar a pesar de los desencuentros y de los zorros de arriba y los zorros de abajo, con los ríos profundos de nuestras esperanzas en una patria justa, libre y más humana.

Era el año de 1978 cuando Arguedas llegó a mi vida para siempre. Estudiaba en Barrios Altos, Lima, en el colegio de la policía que lleva el nombre del rebelde Túpac Amaru y en cuyas aulas, bravas como los ríos profundos, tenías que defender tu espacio y tu nombre, frente a los más pendejos del colegio.

Cursaba el cuarto año de secundaria y nos gobernaba un militar llamado Francisco Morales Bermúdez y ese año los estudiantes de Lima, comenzamos a hablar de política y queríamos como todo el país, que se acabe la dictadura. Pero también la patria jugaba el mundial de fútbol en Argentina, bajo el comando del capitán Héctor Chumpitaz Gonzáles y el arquero argentino Ramón Quiroga. Los goles de Cubillas,la magia de Sotil y la velocidad de J.J. Muñante, nos hacían olvidar por momentos la oscura patria donde vivíamos.

Peloteábamos en la cancha de Santa Lucía y nos “tirábamos la pera” por el camal de matamulas, el cementerio “El Angel”, la calle Gallinazos y 5 esquinas, donde vivían unos chinos que mataban gatos en ese barrio histórico, donde años más tarde otra dictadura la tiñó de sangre. El negro Hurtado era el centro delantero más famoso del Túpac y la morocha Ruth Bolaños la más guapa, que nos sonreía mordiéndose los labios. Hasta que un buen día, la profesora de lengua y literatura, Cristina Mauriz de Osorio, nos leyó Warma Kuyay (amor de niño), el cuento de Arguedas que nos cambió la vida y que nos hizo llorar esa mañana. Todos queríamos ser el niño Ernesto que se enamoró de la Justinacha y nuestra profesora, que era rubia y de ojos verdes, se convirtió en ese puntito negro que era Justina y que cantaba: Flor de mayo, flor de mayo/ flor de mayo primavera/ por qué no te libertaste/de esa tu falsa prisionera.

Entonces Arguedas penetró en cada corazón de esos muchachos que empezaron a querer los ríos profundos de una país de todas las sangres y que nos permitió mirarnos todos en aquel salón inolvidable: cholos, negros, zambos, morochas, mulatas, chinos, blancos, limeños, serranos, selváticos, que nos pusimos a llorar dejando de lado toda la palomillada cuando en la voz de la hermosa profesora escuchamos: “Ese puntito negro que está al medio es Justina. Y yo la quiero, mi corazón tiembla cuando ella se ríe, llora cuando sus ojos miran al Kutu. ¿Por qué, pues, me muero por ese puntito negro?”

Años después, en la universidad, llegó a mis manos la novela Yawar Fiesta (fiesta de sangre) y después de leerla, agarré mi mochila y junto a una negrita soñadora, nos fuimos “tirando dedo” por partes, hasta Puquio, para conocer aquel país misterioso donde vivíamos. Fue un viaje inolvidable y tierno, cuando divisamos el pueblo desde una cumbre como en la novela, miramos el cielo distinto y vimos los gavilanes negros. Escuchamos charangos y quenas y cantamos de alegría…el latido de nuestros corazones cambió de pronto y se agitó para siempre de una manera distinta, porque entonces aprendimos a querer nuestro país y la ternura y el amor sin límites de los indios, se instaló para siempre en nuestras almas.

Así conocí a Arguedas y después le escuché hablar y cantar en una grabación histórica que editó la Escuela Nacional Superior de Folklore que lleva su nombre y donde el antropólogo Rodrigo Montoya Rojas, nos cuenta que el autor de El sueño del Pongo, “aprendió a oír el canto en las espaldas de las mujeres quechuas que le cargaron llenas de amor porque era un niñito blanco y hermoso, parecido a Jesucito…ahí aprendió el amor, el quechua, el canto y la ternura…y con los niños de su edad, cantaba en las noches de luna deseando crecer y ser grandes como el Kutu, para enamorar a Justina, la adolescente más linda del mundo…”

José María Arguedas Altamirano, nació en Andahuaylas, Apurímac, un 18 de enero de 1911 y vivió en una hacienda de indios junto a su madrastra. El mismo nos dice: “Soy hechura de mi madrastra, que era dueña de medio pueblo y tenía servidumbre indígena y el tradicional desprecio y rencor por los indios. Ella decidió que viviera con ellos, mi cama era una batea donde se amasaba el pan y dormía sobre unos pellejos, un poco sucios, pero bien abrigadores, y viví feliz, entre el fuego y el amor, donde aprendí la ternura de los indios, el amor a ellos mismos y el amor a la naturaleza, a los montañas y los ríos y el odio contra quienes les hacían padecer…”

Su vida entonces, dura y difícil, le hizo escribir sobre el dolor y la tristeza y también la alegría en el alma de los pobres, de los indios despreciados por el poder, de los pueblos humillados y olvidados, de su cultura mágica, que le convirtió en el escritor más entrañable de la patria, cuyo trabajo literario y su aporte antropológico para reivindicar las manifestaciones culturales y artísticas, nos sirven ahora para seguir buscando esa identidad de los peruanos para con nuestro país, que el escritor consideró como una fuente infinita para la creación.

No en vano en su discurso memorable cuando recibió el premio “Inca Gracilazo de la Vega” en octubre de 1968 dijo: “No hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacamac y Pacahacutec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4 mil metros; patos que hablan en lagos de altura donde los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros…”

Como analiza el padre Gustavo Gutiérrez en su libro Entre las Calandrias, “Arguedas es el escritor de los encuentros y desencuentros, de todas las razas, de todas las lenguas y de todas las patrias del Perú. Pero no es un testigo pasivo, no se limita a fotografiar y a describir, toma partido.”

Y es verdad, José María ha sido un rebelde siempre, conocedor de los prejuicios del alma humana, especialmente en contra de sus hermanos indios, incluyéndose él mismo. En 1949 es cesado por comunista, obtiene el grado de doctor en letras en 1963. En 1965 se divorcia y luego, en 1967, se casa con la chilena Sybila Arredondo. El 28 de noviembre de 1969 se dispara un tiro en la cabeza y según mi amigo, el sociólogo Luis Ramírez Germany, que hoy vive como Arguedas, con los indios de Ayacucho, el escritor no se suicidó, sino que se cansó de vivir.

José María escribió en español, pero sufrió en quechua, atento a los latidos de su país. Lo escucho cantar en quechua y mi memoria me devuelve aquel cielo de Puquio y algunos sonidos lejanos de un rondín y la voz de mi profesora Cristina, a quién no he vuelto a ver más. Arguedas me conmueve otra vez y vuelvo a llorar con mis recuerdos.

jueves, 20 de enero de 2011

Música Awajún

Edinson Tsajuput Anguash


En este escrito, más allá de lo que es el arte o la teoría del arte, quisiera “reflexionar” no sobre todo el arte, sino muy en particular acerca de la música Awajún. Por eso, no voy a hablar sobre el “nampet”, los “anen” ni menos acerca del “enémamu”.

Tal empresa de reflexión, en primer lugar, exige no ser mezquino, es decir, nos exige reconocer el hecho de la música, constatar la realidad de esta actividad en la Comunidad Awajún. Luego de la descripción de dicha actividad, en segundo lugar, llevaremos a cabo la reflexión, una reflexión analítica y crítica.

Es muy cierto que la música Awajún es una actividad que se ha hecho realidad en esta primera década del siglo XXI. Antes de eso, nos era impensable hablar de la “música Awajún”, hecha realidad por los mismos músicos awajún. Hay que explicitar que al hablar de la música awajún, hablamos del género de la “cumbia”, porque es el primer género musical que se ha hecho realidad como música awajún en la Comunidad Awajún.

Antes de la cumbia awajún, el mismo género de música se contrataba en el Aniversario del Distrito de Imaza. Como, por ejemplo, el grupo “Bella, Bella”, “Agua Marina”, “Corazón Serrano”, etc. Es por eso que la mayoría de la gente del distrito de Imaza escucha más cumbias que cualquier otro género musical. Si la cumbia, en el distrito de Imaza, ha tenido tanta proliferación, pues, se debió a las razones arriba expuestas y no, necesariamente, a la opción libre de la gente, ya que, no hubo otras opciones musicales más que la cumbia. Es la música que había y no otro género musical. Lo cual no niega que algunas personas comprasen canciones de otros géneros musicales, pero eso no es el caso mayoritario.

Explicar la presencia de la cumbia como género musical en el distrito de Imaza dentro de la Comunidad Awajún obedece a la necesidad de saber el origen de la cumbia awajún.

Personalmente no he visto a todos los grupos musicales del género de la cumbia awajún. Pero sí he escuchado algunas canciones tanto en CDs como en You Tube. También tengo entendido que hay cerca de cinco grupos de cumbia awajún en todo el territorio awajún.

Las canciones de cumbia awajún son escritas y cantadas tanto en awajún como en español. La mayoría de las canciones que yo escuché fueron “escritas y cantadas” en español. Hace un mes y medio atrás pude visitar a algunas comunidades. En mi recorrido no escuché más que música cumbia tanto de la cumbia awajún como de la cumbia “kistian”.

Ahora bien, para poder llevar a cabo nuestro segundo objetivo que es el de la reflexión analítica y crítica de la cumbia awajún, tenemos que describir brevemente la cumbia “kistian”. La cumbia que por vez primera llegó al distrito de Imaza de la Comunidad Awajún.

La cumbia “kistian”, a mi parecer, tiene tres características principales. Primero, los temas frecuentes son: decepción amorosa, amorío, muchas veces con un marcado énfasis a una vida muy sensacionalista. Temas para el trabajo y el disfrute inmediatos. Las canciones, muchas veces, parecen ser muy improvisadas, poco elaboradas, pero no por eso vivenciales.

Segundo, los principales instrumentos usados en la cumbia kistian son:

a) Instrumentos musicales de viento: la quena, el órgano, la zampoña.
b) Instrumentos musicales de cuerda punteadas: guitarra.
c) Instrumentos musicales de percusión de sonido indefinido: pandereta, platillos.

Otros instrumentos: cornetas y batería. Aunque, claro, muchos sonidos están grabados en el órgano, el mismo instrumento que, en realidad, orquesta un perfecto ambiente de cumbia, obviamente con los sonidos producidos por la batería. Es verdad que debido a mi impericia en la música no puedo establecer una mejor división de los instrumentos musicales usados por la cumbia “kistian”.

Tercero, todos los grupos de cumbia “kistian” tienen a sus bailarinas. No es necesario describir las características de las bailarinas. Tienen uno, dos o tres vocalistas. Tampoco lo veo necesario describir los pasos y los movimientos en los bailes, porque sé que el público con quien comparto este escrito lo sabe mejor que yo.

Ahora, para realizar una reflexión sobre la cumbia awajún quiero dividir en dos partes el cumplimiento de dicho propósito. Con ello ya habré cumplido con mi crítica analítica. Primero, respecto al tema y al uso de los instrumentos musicales entre la cumbia “kistian” y cumbia awajún, no hay ninguna diferencia. Salvo, claro está, algunos temas awajún en la cumbia awajún, que me parece salen del ámbito de lo sensacionalista. Además, ambas cumbias tienen bailarinas, bailarinas -en ambos grupos- con las mismas características, en su mayoría, tanto en sus vestuarios como en los movimientos y pasos.

Segundo, con esto emprendo mi reflexión crítica, ¿cuál es la diferencia entre la cumbia kistian y la cumbia awajún? No hay, la cumbia awajún es calco y copia de la cumbia kistian. La única diferencia es que la cumbia awajún, efectivamente, es llevaba por la gente awajún y algunas canciones son compuestas y cantadas en awajún, pero aun allí, los contenidos que los músicos awajún escriben siendo ellos mismos los compositores, se parecen mucho a los contenidos de las canciones de la cumbia kistian.

Siendo esto así, yo me pregunto ¿dónde está el esfuerzo, la particularidad, el cultivo, la profundización, la organización? ¿Si no hay nada de eso no es vano esperar el mérito? Un artista es gracias a su mérito que le viene del esfuerzo, de la búsqueda de la particularidad, de la genialidad, de salirse un poco de lo meramente sensacionalista, de lo meramente pasajero. Por eso, una cumbia awajún, a mi parecer, no sólo debe ser calco y copia de la música kistian, sino buscar su propio cultivo, su altura, su aire elevado, su sutileza en las notas y en las voces que perfectamente podrían lograrse en el idioma awajún, porque la lengua awajún es sencilla, profunda, sutil, sigue los ritmos del agua, adquiere un aire espiritual y divino si se componen canciones con cierto Vuelo y comprensión alturada de la Realidad.

Del mismo modo, la cumbia awajún no sólo debe ser para la gente que trabaja y vive el inmediatismo, también tiene que ser para personas que aman el esfuerzo, el constante camino (jintá weamu), el amor a la cultura, a la investigación, al trabajo organizado y cooperado, a la superación de los obstáculos, resolución de los problemas, etc.

Es muy vergonzosa la pretensión de hacer cumbia awajún en español, pues, ni las canciones son bien compuestas, y si esto sigue así, ¿quién compraría con gusto una música awajún poco elaborada? ¿Quién daría mérito a tales artistas que buscan sin esfuerzo el éxito? La gente no quiere el facilismo, la gente quiere una obra bien realizada, muy bien trabajada, ¿a caso se han olvidado que nuestros Mún fueron siempre sutiles, cultivados, profundos, de altos vuelos, capaces de resolver problemas con sabias palabras? Los lindos y profundos “anen”, a mi parecer, son pruebas irrefutables de todo ello. En los anen se trataban temas relacionados a la realidad, de los ideales, de shig anéjatmau, shig pujut, émat, de la sencillez, etc. y no de la simpleza.

Por todo esto, la cumbia awajún, si quiere tener futuro, pero no un futuro banal y simple, pues, no tiene que seguir siendo calco y copia de la cumbia kistian. Ha de ser una cumbia awajún trabajada, elaborada, sencilla, sin reducirse meramente y en absoluto a lo sensacional.

Espero haber cumplido con los objetivos propuestos en este escrito tanto para el bien de la cumbia awajún como para el bien de todos los aénts.

jueves, 9 de diciembre de 2010

EL AMOR A LA TIERRA
EN FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS

Danilo Sánchez Lihón

1. Recuerdos de infancia

Cuando era niño en mi casa paterna, y en la estantería de libros que teníamos, había uno que yo leía con asombro; de pasta lábil y amarillenta, con la estampa de un hombre de rostro rijoso, mirada fija y asombrada.

La imagen de aquel hombre, parecida a la del Quijote de la Mancha tenía la boca agestada y los bigotes en punta, con mechones de cabellos hirsutos y cejas en triángulo, y cuyo autor tenía un nombre de sonido estridente, chirriante, como la campanilla de un cencerro: Francisco Izquierdo Ríos.

El libro se titulaba: "Cuentos del tío Doroteo". No lo había vuelto a encontrar, por más que indagaba, entre las cosas que quedaron de aquella casa que ya solo existe en mi memoria. Ni tampoco lo encontraba mirando toda librería de viejo o de suelo que encontrara. Incluso, en cierta ocasión que lo necesitaba perentoriamente, lo busqué compulsivo en diversas bibliotecas, sin poder ubicarlo.

Ahora, felizmente, tengo una fotocopia gracias al pintor Bruno Portugués y a su esposa, Fanny Palacios, nieta del autor de aquella obra y de otras como Selva y otros cuentos, Papagayo, el amigo de los niños, Gregorillo, El árbol blanco, Mateo Paiva, el maestro.

2. Conjunción maravillosa

¿Cómo llegó aquel libro a casa? Fue por el año 1950, cuando Francisco Izquierdo Ríos retornaba a Santiago de Chuco, mi pueblo, que visitó por primera vez el año 1946 con el fin de escribir sobre el folclore del lugar, pero más para conocer y sentir la fuerza telúrica y la correspondencia de aquella tierra con la poesía de César Vallejo, a quien él admiraba fervorosamente, ocasión en que escribió el libro César Vallejo y su Tierra, que empieza así, párrafo que he leído embelesado infinidad de veces, envuelto en la música y en el prodigio de aquellas palabras:

Santiago de Chuco –conjunción maravillosa de hombre y de tierra, de paisaje y de espíritu–, ejerce en el visitante una poderosa influencia: aflora de sus entrañas una rara y potente fuerza que todo lo envuelve, lo rebasa. Hay en él de fino, de delicado, como de bravo, de hosco. Árboles y pájaros, rocas y abismos. Madrigal y emoción heroica. Realidad cósmica que explica el brote, la existencia de un genio como Vallejo. Sólo una tierra así ha podido dar un hombre de esa dimensión.

Luz, color, música... Eucaliptos de las huertas que pintan de verde la clara tela del ambiente. Más allá el candor de las campiñas y las gibas amarillas de los cerros y, más allá aún, las agujas de las montañas de la Cordillera Blanca...

3. Un amigo fraterno

El ejemplar de Cuentos del tío Doroteo, que yo hojeaba de niño estaba dedicado a mi padre con letra azul de lapicero untado en tinta líquida, rasgos armoniosos y parejos, y rúbrica firme.

Mi padre contaba que el autor llegó un día de visita a su escuela, de paredes de barro, techos de teja y jardines de flores que hacían del patio, los corredores y los pilares una paleta de colores encendidos, donde estudió el autor de Los heraldos negros.

Llevaba un maletín lleno de libros, habló con los maestros, se dirigió luego a los niños formados para la ocasión en el patio a quienes arrobó e hizo reír con su palabra encantada. Mi padre lo invitó a almorzar a la casa y fue allí donde él le dedicó el libro que llenó mi infancia de voces de pájaros, del enigma de las montañas, y de alucinaciones por los duendes y tantos otros personajes, entre reales y fantásticos, que lo pueblan.

La imagen que mi padre guardaba de él era la de un ser bondadoso, vital, fresco, vivaz y sonriente. Con muchos caminos bajo los pies, abierto a acoger todos los sueños, quien tenía una cualidad para desplegar ese arte o esa sabiduría de la vida compuesta de maravilla, sencillez y espontaneidad. Fue y se notaba en él a un amigo fraterno.

4. Su grandeza oculta

Esta estampa coincide con lo que trasuntan sus textos y sus actos, puesto que él hizo de la amistad una religión y de la fraternidad una fe. Era afectuoso, protector y comprensivo; un viajero trashumante, quien conservaba una característica de los maestros antiguos, cual era visitar lugares, salir de paseo, organizar excursiones con sus colegas y alumnos.

Sufrió cárcel por defender las causas del pueblo. Fue apresado en Chachapoyas y conducido a la colonia penal del Sepa, la más feroz del Perú. Nunca perdió su frescura e inocencia. Al contrario, se hizo más humano. En las fotos se transparenta en él a un hombre tierno, de mirada dulce, con un rostro de miel de chancaca.

Vladimiro, su hijo médico, me contaba que le gustaba pescar en los acantilados de La Perla, cerca de donde ellos vivían. Al principio los malhechores del lugar le arrebataron su reloj de oro. Pero luego la gente aprendió a respetarlo.

Se hizo muy amigo y compadre de los ladrones y de toda persona requisitoriada. Un día le devolvieron su reloj, del cual ya se había olvidado. Cuando se demoraba en venir a su casa los mismos bandidos venían a dejarlo, solemnes y respetuosos, al lado de ese hombre en quien adivinaban su grandeza oculta que él no hacía ostensible.

5. En letras mayúsculas

Era una persona querendona de su pueblo y de su gente. Y muy regionalista, amante de sus costumbres, comida y tradiciones.

De él se cuenta la siguiente anécdota:

Caminando un día por la Lima antigua divisó desde la calle y en una tienda de trastes y cosas antiguas un mapa del Perú que era inmenso, pues colgaba desde las vigas hasta el suelo.

Al verlo tuvo la corazonada, por lo inmenso que era, que allí sí se consignaría el nombre de su pueblo, que nunca aparecía señalado en los mapas del Perú, por lo pequeño que era y por la condición humilde en que se situaba su comarca. Le entró la curiosidad, pidió una escalera para mirar y ver si en él figuraba por fin, tal y cómo lo había intuido, el nombre de su aldea.

Y, ¡oh, portento y quimera! ¡Allí estaba! ¡Figuraba por fin!

Grata sorpresa fue la suya cuando constató que en ese inmenso y viejo plano sí ¡figuraba el nombre de su terruño: Saposoa!, que significa "lugar de sapos". Aquel nombre estaba estampado, además, en letras mayúsculas, aunque muy pequeñas para el tamaño de aquel gigantesco documento, hecho que de todos modos juzgó extraordinario.

6. El tema de sus evocaciones

Sacó su pañuelo para enjugarse una lágrima, pero después se echó a llorar con la mano puesta en el mapa, lágrimas profusas y sentidas por lo que había encontrado.
De inmediato pidió al tendero que lo enrollara porque iba a comprarlo. Al ver la emoción que le embargara el tendero le cobró una fortuna. A él no le importó pagarlo. Lo hizo sin rebajar siquiera.

Pidió que lo enrollaran y lo llevó directamente a su oficina en el Instituto Nacional de Cultura que ocupaba la Casa Pilatos, cerca de la Iglesia de San Francisco.

Consiguió clavos, martillo, prestó una escalera y él mismo colocó el inmenso y destartalado mapa detrás de su escritorio, en la antigua casona, señorial y vetusta.

Consiguió un carrizo o caña que ocupaba un rincón de la oficina, y que antes de conversar traía siempre y la acomodaba para tenerla a la mano. Con ella señalaba dónde se ubicaba Saposoa, conjunto de casitas que se acurrucaban en un bajío de la provincia de Moyobamba del departamento de San Martín, situado en el extremo superior del Perú, que por fin figuraba en ese mapa, y que casi siempre era el tema de sus evocaciones.

7. Rasparon las letras

Como en todo fabulador a cada amigo que llegaba le contaba historias de personajes, animales y plantas y señalaba ya sin voltear la arcadia donde todos aquellos mágicos sucesos acontecían. “Y todo eso sucedió en Saposoa”, era la frase con la que concluía todos sus relatos y discursos, e inmediatamente señalaba:

– ¡Tal y cómo figura –enfatiza este hecho– con letras mayúsculas, en el mapa oficial del Perú!

Estas frases eran su dicho, su corolario, su rutina, o la frase de siempre, con la cual rubricaba sus relatos. Y golpeaba con el carrizo, ya sin voltear a mirar el sitio donde ocurrían los sucesos fabulosos que contaba.

Dos amigos suyos que trabajaban con él, cuyos nombres reservo por ser ambos destacados autores literarios, conversaron entre sí de este modo:

– Si borramos el nombre de su pueblo va a tener que sacar este mapa horroroso de aquí de la oficina.

– Y tendrá que botar ese carrizo que también da mal aspecto a la oficina.

Y entonces una tarde en que él no estaba arrimaron muebles y sillas y uno de ellos subió. Ya arriba con una hoja de navaja de afeitar, muy delicadamente, raspó las letras donde decía SAPOSOA.

8. Ya no figuraba

Ya no existía el nombre de Saposoa, pero se desengañaron aquellos que lo habían borrado, porque él seguía siempre señalando el sitio automáticamente y sus oyentes no se preocupaban en leerlo desde abajo.

Un día ya impaciente uno de aquellos amigos que habían raspado el nombre en el mapa, le dijo:

– Pero ¿dónde está Saposoa, don Francisco?

– Aquí. ¿No lo ves o eres ciego? ¡O quizás eres opa!

– La verdad es que no lo veo, –replicó.

– ¡Aquí está! ¡Donde el mapa consigna, además con letras mayúsculas!

– Yo no lo veo.
– Yo tampoco, dijo el de más allá.

– Tienen que medirse la vista y cambiar de lentes que ya no les sirven. O comer zanahorias, como hacen los conejos.

– ¡Señálenos entonces dónde está pues! ¿Dónde dice Saposoa? A ver, díganos, ¿dónde está?

– ¡Aquí! –Dijo subiéndose a una silla

Y por más que buscó don Francisco ya no figuraba Saposoa en el mapa.

9. Con letras violentas

– ¡Ah, zamarros! ¡Jijunas! ¡Mal nacidos! –despotricó– ¡Me han borrado el nombre de mi pueblo en el mapa!

– ¿Quién?

– ¡Yo, no!

– ¡Ustedes! ¿Quién más? ¡Desgraciados! ¡Forajidos! ¡Vándalos! –Y con una tabla los perseguía para pegarles.

Tuvieron que desaparecer de la oficina por unos días.

Pero él a la mañana siguiente trajo una brocha, tinta y a todo lo ancho y alto del mapa puso el nombre, para él entrañable, de Saposoa, reafirmando categóricamente con estas letras furiosas su identidad, filiación y pertenencia a su tierra natal.

Hasta que un día le tocó ser directora de la institución a la lingüista Martha Hildebrandt, de carácter exigente, abrupto y lengua larga, quien al entrar y ver el espectáculo de la oficina con el mapa tremebundo, y aún más con esas letras violentas, gritó:

– ¿Qué significa este mamarracho? ¿Qué esperpento es este? ¡Descuelguen esta porquería y arrójenla a la basura! –ordenó a dos guachimanes que la seguían y quienes a manotazos dañaron esa reliquia por obedecer presurosos dicha orden.

10. Unge sus sienes
Se cuentan tres finales para esta historia, con infinidad de variantes al gusto e incluso ideología, de cada grupo humano, que responden a los intereses de cada corriente de pensamiento y opinión.

Final uno: Hay quienes dicen que don Pancho montó en cólera y le dijo a doña Martha su vida, lo que nadie hasta ahora ha sido capaz de decirle en su cara. Final dos: Otros refieren que permaneció callado, dolido, resentido en el alma y que al día siguiente presentó su renuncia definitiva. Final tres, que, entonces, le dijo:

Oiga usted, como en su caso no tiene aquí raíces, ni quiere, ni tiene entrañas, no sabe lo que significa tener ni querer a un pueblo. Siendo así, ahí tiene su pared, ahí tiene su oficina, ahí tiene su puesto de trabajo, porque me niego a seguir trabajando con alguien que no sabe lo que es el Perú ni sabe lo que es amarlo.

Y presentó su renuncia irrevocable. Y es que la aventura vital de Francisco Izquierdo Ríos es proponer, a través de la limpidez del alma del niño y del hombre andino, un camino nuevo a las “verdades” sociales, políticas, científicas y religiosas que han conducido a nuestras naciones por el abismo y despeñadero.

Y que, a través del niño, encontremos la actitud anímica con que construir sociedades auténticas, unidas y justas. Esta poética convierte a Francisco Izquierdo Ríos en un hito importantísimo en la literatura de la identidad, que hunde sus sueños en los arroyos nativos, humedece su frente en las aguas prístinas y unge sus sienes con los zumos de las flores silvestres y nativas.


Texto que puede ser reproducido citando autor y fuente.

viernes, 19 de noviembre de 2010

El “pitufo filósofo” llamado Tribunal Constitucional”


Orientación jurisprudencial del Tribunal Constitucional en materia económica.


Por: Rubén Darío Ninahuanca Rivas

SUMARIO: I. Introducción, II. Al que con lobos anda lo acaban pisando, III. Papá Pitufo!!, IV. Conclusiones, V. Referencias.

I. Introducción

El "Pitufo filósofo", es un hombrecito azul, risible pero insoportable, que sale volando debido a la patada que le pegan sus amigos (por creerse el sabelotodo y tratando de influir en la vida de los demás como un ejemplo de modelo perfecto de hacer las cosas) y que, cuando cae, se le estrella un libro, que nunca lee, y por consiguiente, nunca sabe de lo que dice; en eso al parecer se ha convertido nuestro Tribunal Constitucional según las declaraciones de Bartolomé Clavero: “Carlos Mesía, presidente del Tribunal Constitucional peruano, ha asistido hace unos días a un foro de historia constitucional (Independencias y Constituciones, Cartagena, Colombia, 8 y 9 de noviembre) en el que, aparte de desplegar su ignorancia en la materia, ha hecho gala de ensoberbecimiento de poder como magistrado constitucional[2].” Lo que explicaría lo que hace unos días ha cometido el Tribunal Constitucional respecto al derecho a la Consulta.


En el presente documento pretendo realizar un somero recuento de las sentencias controvertidas en la que nuestro Tribunal Constitucional va encaminándose en la defensa de un grupo de intereses minoritario del poder de turno.

II. “Al que con lobos anda lo acaban pisando[3].”

La actitud de nuestro Tribunal Constitucional frente al derecho de consulta no es extraña, al contrario era una actitud que se pronosticaba entre sus pasillos y sus hojas sueltas, en el antaño quedó aquel Tribunal Constitucional que se enfrentó a la dictadura y que le costó la destitución de sus tres miembros, hoy muy por el contrario merece el aplauso del gobierno de turno que una vez más da muestra de la falta de voluntad política por el respeto de los derechos humanos, atrevimiento que se justifica por lo siguiente;

Sentencia No. 006-2006-PC/TC; el Profesor Monroy advirtió que el Tribunal Constitucional ha elevado sus fundamentos a calidad de axiomas (verdades que no necesitan demostración, las cuales, por tal razón, deben ser obedecidas inexorablemente) cuya simple reminiscencia (en el uso de la frase: “como ya lo ha dicho este colegiado”) convierte en inútil cualquier exigencia de fundamento adicional; es decir cualquier decisión que se aparte de los fundamentos del Tribunal Constitucional deviene en nula, a pesar que la Constitución no le reconoce tal facultad, pues en palabras de Monroy, “sólo falta que diga que ¡la Constitución soy yo!”, es decir el Tribunal Constitucional ha confundido Ley como fuente del Derecho con la norma jurídica que es su producto. Es decir, la acepción “ley” como fuente del Derecho hay que referirla a aquello que Hart[4] denomina “normas de reconocimiento”, es decir, a aquellas que deben ser tenidas en cuenta para producir normas jurídicas o para calificar su ingreso o salida del ordenamiento jurídico, sin embargo el Tribunal Constitucional considera que sus sentencias son la Constitución. Ahora, como ésta es fuente del Derecho, sus sentencias también lo son. Hasta aquí nos remitimos a lo expresado a propósito de esta curiosa identificación. Sin embargo, ¿por qué ser fuente del Derecho determina que sus decisiones vinculen?

Todos sabemos el avance que significó para la conquista de un Estado constitucional de derecho el reconocimiento de que la Constitución es mucho más que un conjunto de normas programáticas y de política social. Nadie discute hoy que la Constitución contiene un conjunto de normas jurídicas que vinculan intensamente a todos (personas, órganos o instituciones) al interior de un Estado. Nadie puede discutir tampoco que la Constitución, al afirmar las bases jurídico-políticas de un Estado, se convierte también en fuente del Derecho. Sin embargo, nada de lo dicho es antecedente para considerar que la Constitución por ser fuente del Derecho, vincula. Se trata de dos planos del mismo concepto que no se contradicen sino que tienen su propio ámbito de actuación.

Lo que intento afirmar es que ninguna fuente del Derecho vincula por sí misma, los que vinculan son sus productos, es decir, las normas jurídicas. La costumbre es una pauta de conducta social y yo me comporto con arreglo a ella o no, sin afectación jurídica que deba soportar. Pero cuando ésta adquiere la calidad de norma jurídica, sí me vincula, por lo que, si la desobedezco, me expongo a su consecuencia, la sanción por incumplimiento del mandato, como enseña Carnelutti.

Sin embargo, como la afirmación de que las fuentes del Derecho vinculan a todos los poderes del Estado es muy precaria –en realidad inexistente- porque la frase utilizada por Kelsen es clara y precisa, aunque NO DICE ABSOLUTAMENTE NADA RESPECTO A QUE LAS SENTENCIAS DE LOS TRIBUNALES CONSTITUCIONALES SEAN FUENTE DEL DERECHO O QUE ÉSTAS VINCULEN A TODOS LOS PODERES. Kelsen sólo afirma que la Constitución es el fundamento de validez de todo el ordenamiento jurídico y que, su presencia, convierte a éste en una unidad, lo cual permite afirmar –considero que mejor sería teorizar- que los enunciados jurídicos que lo conforman no se contradicen. Si Kelsen piensa como el Tribunal Constitucional cree que piensa, no lo sabemos, pero queda claro que la frase resaltada no es la prueba de que así sea. En todo caso, la frase se refiere a la función trascendente de la Constitución y no a sus “intérpretes supremos”[5].

Se hace oportuno señalar que el profesor Monroy califica que el Tribunal Constitucional al momento de reseñar a Zagrebelski[6] ha cometido un mal plagio e interpretación de sus libros, al igual de la reseña de los textos españoles con relación al poder central y las comunidades autónomas de España, demostrándose su poca seriedad académica en sus resoluciones.

Sentencia N° 00027-2006-PI. En esta sentencia nuestro Tribunal constitucional señala que los trabajadores del sector agrario así como los trabajadores de la Mediana y Pequeña Empresa (MYPE), no deberían gozar de los créditos laborales similares a los cualquier contrato de trabajo, es decir este tipo de trabajadores deberá gozar sólo de 15 días de descanso vacacional; en caso de la indemnización por un despido arbitrario, este es equivalente a quince (15) remuneraciones diarias por cada año completo de servicios con un máximo de ciento ochenta (180) remuneraciones diarias, mucho menor a los de los contratos de trabajo ordinarios;[7] al igual de la reducción de los CTS y gratificaciones. Nuestro Tribunal Constitucional consideró que esta discriminación de este tipo de trabajo se justificaba por su rol de promoción y acceso al empleo en el marco de una Economía Social de Mercado[8] en perjuicio de los trabajadores agrarios y de las MYPE, sin embargo durante ese tiempo se vendió grandes hectáreas a precios muy superfluos a grandes corporaciones, siendo una de ellas MAPLE Etanol EIRL en la región Piura[9], que con este tipo de resoluciones se han beneficiado por contar con mano de obra barata por encima de los derechos laborales; bajo el argumento de la inexistencia de la vulneración de la igualdad, porque conforme a los principios de proporcionalidad y razonabilidad, que no terminan por justificar la situación por caracterizarse de especulaciones subjetivas, califica tal actitud como una “intervención de intensidad leve, pues el legislador ha introducido un trato diferenciado en virtud de una norma constitucional habilitante, que es el artículo 103º de la Constitución, que faculta a legislar de manera especial y excepcional, cuando la naturaleza de las cosas así lo amerite, y no por cuestiones arbitrarias o infundadas. En este caso el trato diferenciado no se sustenta en ninguno de los motivos expresos proscritos por la Constitución como origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, etc., que daría lugar a un examen de intensidad fuerte[10].” Es decir, como se ha observado en esta resolución, la proporcionalidad y la razonabilidad jugarán un rol antojadizo conforme a la situación y el ánimo del Tribunal Constitucional para calificar de leve o dura la igualdad, cualquier semejanza con ocurrido con el derecho a la Consulta, es sólo coincidencia.

Sentencia N.° 4053-2007-PHC/TC. Recordemos que Alfredo Jalilie, involucrado en hechos de corrupción durante la década de Fujimori, fue condenado a prisión efectiva, sin embargo el Presidente Alejandro Toledo conforme a sus atribuciones le concedió el miércoles 14 de junio de 2006 el derecho de gracia; frente a ello el Poder Judicial impugnó tal resolución administrativa bajo los argumentos de la falta de razonabilidad y motivación, lo cual convertía dicho acto jurídico en arbitrario y por consiguiente en nulo; en ese sentido nuestro Tribunal Constitucional en sus fundamentos 31 y 32[11] le da la razón al Poder Judicial, sin embargo es el propio Tribunal quien se encarga de fundamentar las razones del Ejecutivo y manifiesta expresamente que “… de cara a futuros casos en los que pueda cuestionarse medidas que supongan el otorgamiento de la gracia presidencial, deberá tomarse en cuenta la necesidad de que toda resolución suprema que disponga dicho beneficio, tenga que aparecer debidamente motivada a los efectos de que, en su caso, pueda cumplirse con evaluar su compatibilidad o no con la Constitución Política del Estado[12]”; en resumen aplica la misma “frescura” de decirnos aquí no se aplica, pero en futuros sí; pretensión similar recogida en la sentencia N° 06316-2008-PA/TC, referida al derecho a la consulta sin medir que en este caso se trataba de un Tratado Internacional y no de una resolución administrativa.

Sentencia N.° 3116-2009/PA/TC[13]. Esta sentencia es la manifestación expresa de lo que se predecía. Mediante esta resolución el Tribunal Constitucional restablece los aranceles a la importación del Cemento, sin embargo el sector empresarial manifestó su malestar al extremo que el Ejecutivo tuvo que intervenir para que el Tribunal Constitucional no expida resoluciones, que según el sector, afectaba la economía del país[14]. Tal es así que se gestó una reunión en Mercedes Araoz y Juan Vergara, dejándose entrever que el Tribunal Constitucional consultaría al Ministerio de Economía y Finanzas sobre las repercusiones económicas de futuras sentencias, de la que se rumoreaba que se estaba gestando una sumisión del Tribunal Constitucional al Poder Ejecutivo, tomando en cuenta que aún existía un promedio de 1000 casos por resolver.

III. Papá Pitufo!!

Considero que después de la lectura de la Sentencia N° 06316-2008-PA/TC Aclaración, merece que nuestro “pitufo filósofo” pueda salir por los aires diciendo “papá pitufo!!”. El pretender que el derecho a la Consulta sea exigible a partir de la sentencia N° 00022-2009-PI/TC, resulta contradictorio a sus fundamentos anteriores de este órgano colegiado porque por un lado manifiesta que el derecho a la Consulta forma parte del bloque constitucional[15] y por consiguiente su aplicación no está sujeta a reglamento o desarrollo normativo interno en específico,[16] sin embargo con esta resolución pretende desconocer su aplicación en el tiempo.

El pretender que los Tratados Internacionales entren en vigencia desde que el Tribunal Constitucional se le ocurra, como por ejemplo desde que se publique en la página web, resulta contrario a los artículos 56 y 57 de la Constitución que recoge que tratados internacionales de derechos humanos entran en vigencia desde su ratificación, más no de las resoluciones antojadizas del Tribunal Constitucional.

Esta orientación jurisprudencial tiene como fin, la no revisión de los actos administrativos relacionados a las concesiones extractivas (minería, petróleo, madereras, entre otros) que se sobreponen sobre territorios comunales y otorgadas sin la Consulta previa, es decir con esta sentencia se pretende blindar actos administrativos que abiertamente son contrarios al bloque constitucional y las Sentencias de la CIDH, las cuales son de observancia obligatoria en nuestro derecho interno, que en relación al Caso Saramaka, menciona que “Respecto de las concesiones ya otorgadas dentro del territorio tradicional Saramaka, el Estado debe revisarlas, a la luz de la presente Sentencia y la jurisprudencia de este Tribunal, con el fin de evaluar si es necesaria una modificación a los derechos de los concesionarios para preservar la supervivencia del pueblo Saramaka”; es decir, siguiendo la misma línea del CEACR [17] que insta al estado peruano a revisar las concesiones de actividades extractivas generadas sin la consulta previa a los pueblos indígenas; es decir tales resoluciones administrativas son nulas de pleno derecho.

No es motivo de este documento el análisis de cada una de las sentencias vinculadas a pueblos indígenas, pero consideré que este recuento de sus decisiones nos permitiría entender el actual desarrollo jurisprudencia de nuestro Tribunal Constitucional y de los retos que ello plantea.

IV. Conclusiones

a) Esta nueva forma de concebir el derecho constitucional es sumamente curioso, pues si bien antes los ciudadanos teníamos que agruparnos para formar partidos políticos y llevar las necesidades de un sector al Congreso mediante nuestro voto y mediante consensos legislar, hoy nos quedamos indefensos ante la posibilidad de que el Tribunal Constitucional pueda declararlo inconstitucional por varias variantes; sin ser un poder elegido democráticamente. Esta nueva versión de constitucionalismo nos debe llevar a la reflexión, sobretodo en la interpretación de los derechos fundamentales con un contenido intercultural.

b) El Tribunal Constitucional ha excedido sus competencias mediante resoluciones que además de resultar contradictorias, no han tomado en cuenta los principios constitucionales que han defendido desde antaño, como son los de proporcionalidad, razonabilidad y el principio de igualdad.

c) Considero que se hace oportuno recoger la perspectiva del Profesor Monroy sobre la naturaleza de las sentencias del Tribunal Constitucional y sobre ello generar nuevos recursos que permitan el ejercicio del derecho a la Consulta conforme al Bloque de Constitucionalidad, aplicando los principios de pro homine y la interpretación sistemática que siempre han ayudado a la eficacia del ejercicio de los derechos humanos.

V. Referencias

· Bartolomé Clavero. Perú: Jurisprudencia triplemente aberrante del Tribunal Constitucional Disponible en world wide web: http://www.servindi.org/actualidad/35262

· Herbert L. A. Hart. EL concepto de Derecho. Traducción Genaro R. Carrió. Abeledo Perrot. Buenos Aires.

· Juan Monroy Galvez. Poder Judicial Vs. Tribunal Constitucional. Disponible en World Wide Web: www.iidpc.org/revistas/10/pdf/173_232.pdf

· Sentencia N° 00027-2006-PI, Fundamento 52 y siguientes. Disponible en world wide web: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2008/00027-2006-AI.html

· REMATAN TIERRAS SIN CONSIDERAR PUEBLOS Y CASERIOS. Disponible en World Wide Web: http://www.bajolalupa.org/13/05_tex.html

· Sentencia N.° 4053-2007-PHC/TC. Fundamento 32. Disponible en World Wide Web: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2008/04053-2007-HC.html

· Sentencia del Tribunal Constitucional N° 3116 – 2009-AA/TC. Disponible en World Wide Web: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2010/03116-2009-AA.pdf

· Diario EL Comercio. Disponible en World Wide Web: http://elcomercio.pe/politica/454093/noticia-ministra-araoz-presidente-tribunal-constitucional-acuerdan-tener-relacion-mas-fluida

· Sentencia del Tribunal Constitucional N° 3343-2007- PA/TC. Fundamento 31. Disponible en World Wide Web: http://www.sociedadambiental.net/profiles/blogs/exp-n-033432007patc

· Informe de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones. Conferencia Internacional del Trabajo, 99ª reunión, 2010. Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, página 884
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[1] Abogado de la Universidad Nacional de Piura. Especialización en temas de Gestión Municipal, Descentralización y Buen Gobierno. Especialista en Desarrollo Sustentable y Especialización en Gestión de la Política Social. Experiencia en comunidades indígenas awajún – wampis. E-mail: nrrubendario@hotmail.com. 17 de noviembre del 2010.

[2] Disponible en world wide web: http://www.servindi.org/actualidad/35262

[3] Frase común del Pitufo filósofo

[4] Herbert L. A. Hart. EL concepto de Derecho. Traducción Genaro R. Carrió. Abeledo Perrot. Buenos Aires. Pág 125 y Ss.

[5] Juan Monroy Galvez. Poder Judicial Vs. Tribunal Constitucional. Disponible en World Wide Web: www.iidpc.org/revistas/10/pdf/173_232.pdf

[6] En la sentencia, corresponde al Capítulo VIII de su obra cuyo nombre es: “I conflitti di attribuzione tra stato e regioni” (“Los conflictos de atribución entre el Estado y las regiones”), es decir, no ha sido extraída de aquél donde éste desarrolla los aspectos centrales del tema –el inmediatamente anterior-, sino de otro en donde se describen los casos atípicos que presentan aquellas organizaciones estatales en los cuales, por razones históricas, existe una evolucionada desconcentración y descentralización del ejercicio del poder político. Disponible en World Wide Web: www.iidpc.org/revistas/10/pdf/173_232.pdf

[7] La indemnización es equivalente a una remuneración y media ordinaria mensual por cada año completo de servicios con un máximo de doce (12) remuneraciones.

[8] Sentencia N° 00027-2006-PI, Fundamento 52 y siguientes. Disponible en world wide web: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2008/00027-2006-AI.html

[9] Disponible en World Wide Web: http://www.bajolalupa.org/13/05_tex.html

[10] Sentencia N° 00027-2006-PI, Fundamento 75. Disponible en world wide web: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2008/00027-2006-AI.html

[11] 31. Si bien se advierte que la resolución suprema inaplicada carece de motivación, aspecto que fue determinante para que la sala emplazada decida inaplicar el derecho de gracia concedido, este Tribunal considera que habiéndose dilucidado la ausencia de arbitrariedad del acto mediante el cual se decreta la referida gracia presidencial, toda vez que es respetuoso de sus límites materiales y formales derivados de la Constitución, la falta de motivación no invalida la resolución adoptada.

32. Queda claro, sin embargo, que de cara a futuros casos en los que pueda cuestionarse medidas que supongan el otorgamiento de la gracia presidencial, deberá tomarse en cuenta la necesidad de que toda resolución suprema que disponga dicho beneficio, tenga que aparecer debidamente motivada a los efectos de que, en su caso, pueda cumplirse con evaluar su compatibilidad o no con la Constitución Política del Estado

[12] Sentencia N.° 4053-2007-PHC/TC. Fundamento 32. Disponible en World Wide Web: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2008/04053-2007-HC.html

[13] Disponible en World Wide Web: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2010/03116-2009-AA.pdf

[14] Disponible en World Wide Web: http://elcomercio.pe/politica/454093/noticia-ministra-araoz-presidente-tribunal-constitucional-acuerdan-tener-relacion-mas-fluida

[15] Sentencia del Tribunal Constitucional N° 3343-2007- PA/TC. Fundamento 31. Disponible en World Wide Web: http://www.sociedadambiental.net/profiles/blogs/exp-n-033432007patc

[16] Informe de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones. Conferencia Internacional del Trabajo, 99ª reunión, 2010. Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, página 884

[17] Disponible World Wide web: http://www.servindi.org/actualidad/22939
"Reflexionar individualmente para convertirse en voz colectiva"





martes, 9 de noviembre de 2010

De hablar de la educación intercultural a hacerla

Este texto demuestra que es posible desarrollar actividades pedagógicas escolares a partir de actividades sociales de la comunidad, es decir, saliendo del aula para participar en la vida de la comunidad. Mostramos qué entendemos por la "explicitación de los contenidos implícitos en las actividades" por medio del "método intercultural inductivo" y en qué consiste la "articulación intercultural de contenidos locales y científicos" que son los conceptos medulares de la propuesta que ya se está aplicando en México y que fue elaborada de 1985-1997 en el FORMABIAP de AIDESEP y el ISPL en Iquitos, donde, luego, no fue practicada de manera consecuente.
Jorge Gasché

http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/imanimundo/article/viewFile/9414/13865

* Jorge Gasché, antropólogo y lingüista - Programa Sociodiversidad, instituto de investigaciones de la Amazonía peruana (IIAP)










































































































































































































































































































































































* Jorge Gasché, antropólogo y lingüista - Programa Sociodiversidad, instituto de investigaciones de la Amazonía peruana (IIAP)